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Revista Al Damir + Notas + AGUA SANTA: EL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ POR EL AGUA

AGUA SANTA: EL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ POR EL AGUA

Niños palestinos hacen cola para rellenar botellas de agua en Rafah. IBRAHEEM ABU MUSTAFA (REUTERS)

Hace años que la batalla por el agua está en el centro del conflicto palestino-israelí. En el verano de 2016, la tensión estalló en una auténtica crisis cuando numerosos pueblos y campos de refugiados palestinos se quedaron sin agua durante días y tuvieron que importar bidones para cubrir las necesidades básicas. Aguardaban despiertos en plena noche con la esperanza de que la presión volviese a las tuberías.

“En los campos de refugiados, en particular en el sur, hacia Hebrón, pero también en el nuestro, estuvimos varios días sin ver el agua. No había duchas para los niños, los grifos eran inútiles, no teníamos ni una gota para uso sanitario. Era un infierno”. Amjad Rfaie es el director del campo de refugiados Nueva Askar. Cada día se enfrenta a las peticiones y las quejas de sus habitantes. “Y los israelíes no hacen nada a pesar de las solicitudes para comprar agua a Mekorot pagándola. De hecho, redujeron el suministro”.

Los palestinos dependen en gran medida de los israelíes para acceder al agua a pesar de que los acuíferos y las cuencas pluviales estén concentrados en la zona centro-septentrional de los territorios palestinos.

“Hay una profunda brecha en el derecho al acceso al agua entre ambas poblaciones”, observa Amit Gilutz, portavoz de B’Tselem, una organización israelí dedicada a defender los derechos de la población árabe en los territorios ocupados.

“Cada nuevo pozo, aunque esté en territorio controlado por la Autoridad Palestina, necesita un permiso de la Autoridad Civil Israelí (ICA) de la zona. El agua no está repartida de forma igualitaria y, en las zonas controladas por el Ejército israelí, las infraestructuras palestinas a menudo están deterioradas o literalmente destruidas”.

Según el Acuerdo Provisional de Oslo de 1995, la distribución del agua entre israelíes y palestinos se debía dividir al 80% y 20%, respectivamente. La intención era que la solución fuese temporal, a la espera del acuerdo definitivo que tendría que haber creado el Estado palestino y fijado las fronteras de Israel.

Hoy en día, la situación se ha deteriorado gravemente, y los palestinos no tienen acceso más que al 14% de los recursos de las cuencas. La gestión compartida entre ambas entidades políticas es más complicada que nunca.

“Tenemos toda clase de problemas en la gestión cotidiana”, remacha Imad Masri, director del Departamento de Suministro de Agua y Saneamiento del municipio de Nablús, la segunda ciudad de Cisjordania, “desde la imposibilidad de perforar nuevos pozos debido a que la Comisión Conjunta Palestino-Israelí para el Agua” (JWC, por sus siglas en inglés) lleva seis años paralizada, hasta la burocracia que envuelve a los proyectos de infraestructuras y al Departamento de Aduanas Israelí, el cual bloquea la llegada de componentes para las plantas de abastecimiento. Una bomba encargada a Italia tardó más de un año y medio en llegar, así que el depósito se quedó seco”.

Los territorios palestinos son un complejo mosaico en el que no siempre está claro quién gobierna y qué organismos son responsables de la administración. Los campos de refugiados son administrados por UNRWA, el organismo de la ONU creado en 1948 para los refugiados palestinos. La Zona A está bajo control de la Autoridad Palestina (15% de Cisjordania), mientras que la Zona B está gobernada por la autoridad civil palestina y vigilada por un control militar mixto palestino e israelí. La Zona C, controlada civil y militarmente por Israel, comprende el resto de los territorios palestinos, en los que se encuentran también los asentamientos israelíes. Representa alrededor del 63% de los territorios y alberga a más de 150.000 habitantes palestinos y 326.000 colonos israelíes.

En este caos geopolítico, la gestión profundamente politizada de los recursos y las infraestructuras hídricas son un verdadero nudo gordiano. El escaso mantenimiento por parte de los palestinos, la injerencia militar israelí, la dificultad de coordinar los diferentes niveles administrativos mantienen alta la tensión. Mientras tanto, las vidas de decenas de miles de personas sufren las consecuencias a diario.

Las zonas más afectadas por la escasez de agua “son las rurales y los campos de refugiados”, explica Meg Audette, subdirectora de operaciones de UNRWA, el organismo de Naciones Unidas que se ocupa de los campos de refugiados. “En los campos, las infraestructuras son viejas y el UNRWA no tiene autoridad para construir otras nuevas. Únicamente podemos controlar la calidad del agua y hacer intervenciones mínimas”.

Según Majida Alawneh, directora del Departamento de Calidad del Agua de la Autoridad Palestina del Agua (PWA, por sus siglas en inglés), “hay más de cien proyectos esenciales que, o bien no se han aprobado, o han sufrido retrasos a causa de la Administración Civil Israelí. A menudo cuentan con el apoyo de la cooperación internacional. En los últimos siete años, la autoridad israelí ha aprobado muy pocos pozos nuevos. Entretanto, el agua disponible ha disminuido de 118 millones de metros cúbicos en 1995 a 87 en 2014. Todo esto mientras la población de Cisjordania crecía de 1,25 millones a 2,7 millones de habitantes”.

Ver completo el reportaje especial del Diario El País sobre este tema, con fotografías, mapas y videos, aquí

Fuente: Texto de El Pais.com / Fotografía de IBRAHEEM ABU MUSTAFA (REUTERS)

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