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Revista Al Damir + Notas + Los cristianos palestinos evocan una Semana Santa bajo 50 años de ocupación

Los cristianos palestinos evocan una Semana Santa bajo 50 años de ocupación

Palm Sunday

La pequeña comunidad palestina cristiana comenzó este domingo las conmemoraciones de la Semana Santa con el temor de que la ocupación israelí, que comenzó hace cincuenta años, termine con su presencia e influencia en la tierra de Jesús y, particularmente, en Jerusalén Este.

Los actos religiosos se inician en la pequeña aldea de Betfagé, al otro lado del monte de los Olivos, con una vistosa y alegre procesión de Domingo de Ramos en la que participaron palestinos locales y peregrinos de todo el mundo.

El porcentaje de unos y otros, sin embargo, se ha alterado con el paso de los años “por causa de la ocupación israelí” de esa parte de la ciudad y de Cisjordania, asegura el padre Jamal al Jader, rector del seminario del Patriarcado Latino.

Hace 50 años, recuerda este religioso ante un grupo de periodistas convocados por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), “todas las parroquias se juntarían y participarían en la procesión, junto a unos pocos extranjeros”.

Ahora, “con todas las restricciones (israelíes), lo que encuentras es a muchos peregrinos de fuera, turistas y a muy pocos creyentes locales”.

La histórica comunidad cristiana de Tierra Santa la forman unos 125.000 palestinos que viven en el territorio reconocido de Israel, otros 3.000 en la islamizada Gaza, y unos 50.000 en Jerusalén Este y Cisjordania.

Los de Gaza y Cisjordania son los que tienen mayores dificultades para llegar a Jerusalén, pues necesitan de un permiso especial de las autoridades militares, que por las fiestas cristianas suelen dejar pasar a miles de ellos que lo requieren a través de sus parroquias.

Conocido por un discurso crítico que descubre cuando aborda los efectos de la ocupación israelí, Al Jader anima a los cristianos locales a que acudan a Jerusalén y confiesa sentirse dolido al ver que la ciudad “ya no está en las mentes y en las vidas de los jóvenes palestinos”.

“Se han llevado la centralidad de la ciudad. No quiero hablar de capital, que es un término político, sino de centro social, de compras, religioso… Antes podíamos ir a los sitios sagrados, ahora los niños palestinos los conocen por fotos y libros de texto, y no pueden verlos aunque estén tan solo a unos pocos kilómetros. Es una pena”, se aflige.

Y apunta a lo “poco amigable” que es para el visitante el despliegue de fuerzas de seguridad israelíes por toda la ciudad y las limitaciones de aforo en templos y centros religiosos.

En un comunicado, la Policía israelí atribuye el vasto despliegue a la necesidad de “garantizar la libertad de culto para las tres religiones”, dado que esta semana se conmemora también la Pascua judía y a que el viernes los musulmanes acudirán a la Explanada de las mezquitas.

“La Policía aplica un pensamiento equilibrado para permitir que los creyentes de las tres religiones puedan ejercer sus derechos a la libertad de culto, junto (a la necesidad) de garantizar la seguridad personal de cada uno de ellos”, agrega la nota.

Al Jader no obstante se queja de que, a diferencia de hace 50 años, cuando la ciudad estaba bajo dominio jordano, “ahora hay veces que encontramos a más soldados que creyentes”.

Un hecho que él atribuye no a “motivos de seguridad”, sino a la “imposición de la soberanía (israelí)”, para “decirle al mundo y a los cristianos que nosotros (los israelíes) somos los que decidimos aquí”.

La OLP ha aprovechado esta Semana Santa para crear conciencia internacional sobre las consecuencias religiosas de la ocupación que comenzó al concluir la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967.

Fuad al Halaq, su asesor para Asuntos de Jerusalén, estima que Israel concederá este año entre 10.000 y 15.000 permisos a palestinos cristianos, pero advierte que en muchos casos no todos los miembros de una familia obtienen autorización, lo que rompe el espíritu de celebración familiar.

Y afirma que el objetivo de Israel, que reivindica la ciudad como su “capital eterna e indivisible”, es en su conjunto “eliminar la presencia palestina”.

En un informe sobre los efectos perniciosos de cincuenta años de ocupación, la OLP denuncia que Israel “erradica la cultura y patrimonio palestino de Jerusalén, cristiano y musulmán, dañando no sólo las vidas y el tejido social de la población, sino el propio espíritu de la ciudad”.

Unos argumentos que respalda el patriarca ortodoxo de Jerusalén, Atallah Hanna. “Aunque seamos pocos en número, pertenecemos a esta tierra y tenemos un compromiso con ella”, reclama el religioso al presentar su enérgica oposición a ser tratado como “una minoría en nuestro propio país”.

Fuente: EFE

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