Cuando comenzó la Nakba en 1948, miles de palestinos ya habían construido una vida en Chile, pero sus vínculos con su tierra de origen seguían intactos. Mientras en Palestina cientos de miles de personas eran expulsadas de sus hogares y pueblos enteros eran despoblados, las noticias cruzaban el mundo y llegaban a familias que aún tenían parientes, recuerdos y raíces allí. La comunidad siguió los acontecimientos a través de su propia prensa, intensificó su movilización política y organizó ayuda para los refugiados. Esta es la historia, pocas veces contada, de cómo la Nakba también se vivió desde Chile.
En 1948, la presencia palestina en Chile estaba lejos de ser pequeña.
Una guía publicada en 1941 contabilizó 1.206 familias palestinas establecidas en el país, con una importante presencia de familias provenientes de Beit Jala y Belén, además de Jerusalén y otras localidades palestinas.
Habían formado familias, levantado negocios y creado instituciones. También contaban con sus propios medios de comunicación, que permitían seguir desde Chile los acontecimientos que transformaban Palestina.
Y mientras su tierra de origen se acercaba a uno de los momentos más determinantes de su historia, la movilización de la comunidad en defensa de Palestina tomó nueva fuerza.
Antes de la Nakba, Palestina ya movilizaba a la comunidad en Chile
La preocupación por lo que ocurría en Palestina no comenzó en 1948.
Ya en 1936 se había creado en Chile el Comité de Defensa de los Derechos Árabes en Palestina. Una década más tarde, cuando Naciones Unidas comenzó a debatir el futuro del territorio bajo Mandato Británico, la movilización adquirió una nueva dimensión.
En octubre de 1947 se constituyó en Santiago el Comité Central Árabe de Chile.
La organización reunió a 32 delegados nacionales —ocho palestinos, ocho sirios, ocho libaneses y ocho jordanos— y estuvo encabezada por Nicolás Yarur, empresario palestino originario de Belén. Entre sus dirigentes se encontraban también el escritor Benedicto Chuaqui y Alejandro Hales.
Uno de sus principales objetivos era articular a la comunidad árabe residente en Chile frente a lo que estaba ocurriendo en Palestina y al debate que se desarrollaba en Naciones Unidas.
Mientras el futuro de Palestina se discutía en Nueva York, la comunidad árabe también buscaba incidir desde Chile.
La partición de Palestina vista desde Chile
La prensa de la colectividad permite reconstruir cómo se siguieron aquellos acontecimientos prácticamente en tiempo real.
Uno de esos medios era Mundo Árabe, dirigido por Jorge Sabaj Zurob, inmigrante palestino nacido en Beit Jala y una de las figuras de la prensa árabe en Chile. Desde comienzos de la década de 1930, Sabaj desarrolló una extensa labor periodística dentro de la colectividad árabe, vinculada a publicaciones como La Reforma y Mundo Árabe. Desde sus páginas siguió de cerca los acontecimientos que atravesaban Palestina.
El 26 de noviembre de 1947, tres días antes de la votación de Naciones Unidas, Mundo Árabe llevó a sus páginas un enorme titular:
“Ya las grandes potencias están de acuerdo: dividirán Tierra Santa”.
El 29 de noviembre, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 181, que recomendaba dividir Palestina en un Estado árabe y uno judío y establecer un régimen internacional especial para Jerusalén.
La resolución obtuvo 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones.
Chile se abstuvo.
Investigaciones históricas sobre la comunidad árabe en Chile describen las gestiones realizadas por el Comité Central Árabe y Nicolás Yarur ante las autoridades chilenas durante el debate sobre la partición.
Cuatro días después de la votación, el 3 de diciembre de 1947, la portada de Mundo Árabe mostró con claridad cómo recibió la decisión una parte organizada de la colectividad árabe en Chile.
“Consumado el atropello a la justicia”, tituló el periódico.
La portada permite observar algo que las cifras por sí solas no muestran: para quienes editaban y leían aquel periódico en Santiago, lo que ocurría en Palestina ocupaba un lugar central.
Las noticias de 1948 llegaban cada semana a Chile
Meses después, cuando la violencia, las expulsiones y los desplazamientos se extendían por Palestina, las páginas de Mundo Árabe continuaron siguiendo los acontecimientos.
El 3 de junio de 1948, pocas semanas después de la proclamación del Estado de Israel y del fin del Mandato Británico, el periódico publicó en Santiago una extensa información bajo el título:
“Lucha de liberación en Palestina”.
La crónica relataba operaciones en Jerusalén, Latrún y otras zonas de Palestina, además de movimientos de los ejércitos árabes.
Solo una semana después, el 10 de junio, Mundo Árabe volvía a dedicar un amplio espacio a Palestina:
“Desarrollo de las operaciones militares en Palestina”.
Las páginas incluían informaciones sobre Jerusalén y otras localidades y reproducían despachos y materiales provenientes del mundo árabe.
Leídas hoy, esas ediciones permiten imaginar algo difícil de dimensionar: mientras la Nakba estaba ocurriendo, sus acontecimientos llegaban semana tras semana a los hogares e instituciones de la colectividad en Chile a través de una prensa producida por la propia comunidad.
Antes de internet, las redes sociales o la televisión satelital, el periódico se convertía así en uno de los puentes entre ambos territorios.
Palestina también movilizaba a las comunidades de regiones
La reacción no estuvo limitada a Santiago.
Un registro conservado por el Centro Árabe de Concepción muestra que el 19 de febrero de 1948 circuló una publicación bajo el título “Concepción lucha de verdad por la liberación y defensa de Palestina”.
La presencia palestina, de hecho, ya se extendía por distintas zonas del país.
La Guía Social de la Colonia Árabe en Chile, publicada en 1941 bajo la recopilación y dirección de Ahmad Hassan Mattar y auspiciada por el Club Palestino, recorrió ciudades y localidades registrando a las familias árabes que vivían en ellas, sus lugares de procedencia y sus actividades económicas.
Palestina, por lo tanto, no se seguía únicamente desde la capital. La preocupación atravesaba una colectividad distribuida en distintas ciudades chilenas.
Cuando las noticias se transformaron en una catástrofe
Durante la Nakba, alrededor de 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares, y más de 500 localidades fueron despobladas.
Para muchas familias establecidas en Chile, aquellas noticias hablaban de lugares conocidos: ciudades y pueblos de los que habían partido ellos mismos, sus padres o sus abuelos y donde continuaban viviendo familiares y conocidos.
La conexión con Palestina tampoco dependía únicamente de Mundo Árabe.
Durante la primera mitad del siglo XX habían circulado en Chile publicaciones como Al-Murchid, Al-Watan, La Reforma y el Boletín Árabe de la Sociedad Juventud Palestina, además de Mundo Árabe.
Junto a clubes, asociaciones y organizaciones comunitarias, estos medios habían construido una red que permitía mantener vínculos sociales, culturales y políticos con el mundo árabe.
La Nakba encontró, por lo tanto, a una comunidad que disponía de sus propios espacios para informarse, debatir y movilizarse.
De la movilización política a la ayuda a los refugiados
La actividad del Comité Central Árabe tampoco terminó con la votación de Naciones Unidas.
Después de 1948, la organización movilizó recursos para ayudar a los refugiados palestinos, según investigaciones sobre la historia de la colectividad árabe en Chile.
La Nakba provocó además nuevos desplazamientos y modificó las redes migratorias palestinas en distintas partes del mundo.
Investigaciones sobre la migración palestina identifican una nueva corriente hacia Chile entre 1947 y 1952, en la que quienes llegaban podían recurrir a las redes familiares, económicas y comunitarias construidas por generaciones anteriores.
Así, la Nakba no llegó a Chile únicamente a través de las páginas de los periódicos.
También llegó a través de personas.
Quienes llegaron a Chile durante esos años encontraron aquí una comunidad capaz de conectarlos con familiares y compatriotas.
La otra historia de la Nakba
Cuando se recuerda la Nakba, la mirada se dirige inevitablemente hacia Palestina: las familias expulsadas, las aldeas despobladas, las casas abandonadas y una población convertida en refugiada.
Pero existe también una historia que ocurrió lejos de allí.
La de quienes abrieron un periódico en Santiago y encontraron Palestina en su portada. La de las organizaciones que intentaron influir en la posición de Chile ante Naciones Unidas. La de las comunidades que siguieron las noticias desde distintas ciudades del país. Y la de quienes comenzaron a movilizar ayuda cuando cientos de miles de palestinos quedaron convertidos en refugiados.
Desde 1948, Palestina ya no sería solamente la tierra desde la que habían partido las primeras generaciones de inmigrantes.
Para muchas familias sería también una tierra a la que parte de su pueblo había sido impedido de regresar.
La Nakba ocurrió en Palestina.
Pero sus consecuencias atravesaron fronteras, océanos y generaciones. Y también dejaron una historia en Chile.


