En medio del último genocidio israelí en Gaza, el fotógrafo y artista visual chileno de ascendencia italiana, Claudio Caiozzi, conocido popularmente como “Caiozzama”, se suma a la Flotilla de la Libertad rumbo al enclave palestino: una misión civil internacional que busca romper el bloqueo y visibilizar la situación que enfrenta la población. Sin vínculos familiares directos con Palestina, su decisión nace desde una convicción profunda: entender la humanidad como un colectivo y asumir un rol activo frente a la injusticia.
A través del arte, Caiozzi busca dejar una huella simbólica en cada puerto: intervenir espacios, crear murales y transformar imágenes en denuncia. En esta entrevista exclusiva con Revista Al Damir, reflexiona sobre su preparación para la misión, el rol del arte en el contexto de la ofensiva israelí y la importancia de la acción civil organizada cuando las instituciones no responden.
Por: Valeria Apara Hizmeri.
1. Claudio, no tienes un vínculo familiar directo con Palestina. ¿Qué te impulsa, desde lo personal, a sumarte a una misión como la Flotilla de la Libertad rumbo a Gaza?
“Lo que me impulsa, al no tener sangre palestina, es que entiendo a la humanidad como un todo, no como individuos separados, sino como un colectivo. Siempre lo he visto así, independiente de los países, las culturas y las religiones.
Con lo que está pasando ahora, tengo aún más ganas de interceder y unirme como individuo para tratar de cambiar en algo lo que está ocurriendo, intentando, desde el ámbito civil y colectivo, generar algún cambio.
Como no nos vemos representados por nuestros gobiernos, creo que debemos tomar nosotros la decisión”.
2. ¿Hubo un momento específico, una imagen o una historia que te hizo decir “tengo que involucrarme activamente”?
“Hubo un momento, hace más o menos 12 o 14 años, que coincidió con los bombardeos de esa época en Gaza y también con viajes que hice, donde conocí gente y pude ver más cómo funcionaba el mundo. Ahí empecé a investigar el tema y a informarme.
Debo reconocer que no era muy experto en lo que sucedía allá, pero en ese periodo investigué, me instruí, vi, compartí con gente y me tocó observar lo que ocurrió en esos años, que fue un periodo bien fuerte. Sin darme cuenta, ya estaba involucrado. No fue algo que haya decidido o que me haya propuesto.
En esa misma época también empecé a hacer murales, y mis primeros trabajos —si uno revisa mi Instagram— muestran que hice muchos sobre Palestina. Creo que fue eso”.

3. Participar en esta flotilla no es simbólico, implica riesgos reales. ¿Cómo enfrentas esa dimensión más personal y familiar de la decisión?
“Creo que los riesgos que enfrentamos, que obviamente son reales y tangibles, no se comparan con lo que Israel está haciendo con el pueblo palestino hace tantos años. El foco está en eso: no puede estar en el peligro que estamos corriendo nosotros, sino en lo que está viviendo el pueblo palestino desde hace tanto tiempo.
Esa es la base de todo. Si a nosotros nos llega a pasar algo, no va a ser ni el 1% de lo que ha vivido Palestina en todos estos años”.
4. Antes de embarcarte en una misión como esta, que tiene tanto una dimensión humanitaria como de riesgo, ¿qué tipo de preparación o entrenamiento has recibido? ¿Cómo te estás preparando física, mental y emocionalmente para lo que viene?
“La preparación ha sido muy buena, de hecho me ha sorprendido. Tenemos todo tipo de preparación: logística, humanitaria, cómo reaccionar ante distintos escenarios, ciberseguridad, de todo.
Ha sido increíble. Físicamente, eso obviamente va por uno, y creo que estoy en uno de mis mejores momentos en ese sentido, pensando en que iba a pasar esto. Pero toda la información y los conocimientos que nos han entregado las organizaciones son impactantes; siento que llegué con un 30% y ahora estoy en un 100 en cuanto a todo lo que nos han brindado”.
5. Arte como acción: Tu propuesta de dejar un ángel con kufiye en cada puerto es potente simbólicamente. ¿Qué representa ese ángel y qué mensaje quieres que quede en cada lugar donde pases?
“Siempre he trabajado con ángeles; es un símbolo muy potente, independiente de la creencia o la religión, y así me gusta usarlo.
No soy católico, pero creo mucho en el poder de las imágenes, por eso utilizo esta simbología y la contextualizo con los tiempos actuales”.
6. En un escenario tan duro como el que vive Gaza, ¿qué rol crees que tiene el arte? ¿Puede realmente generar impacto o movilizar conciencia? ¿Qué otras cosas en relación al arte quieres hacer en esta misión?
“Creo que el arte es un arma muy poderosa, y no hay que ser muy entendido para saberlo. Lo hemos visto a lo largo de la historia: cómo el arte se transforma en política y en denuncia, y es lo que a mí me gusta hacer.
Voy a intentar dejar la mayor cantidad de arte en la flotilla: intervenir barcos, ojalá dejar un mural en cada puerto, y generar registro, que es lo más importante para poder viralizarlo”.
7. Si esta travesía logra su objetivo, ¿qué te gustaría que quede —más allá de la ayuda concreta— como mensaje o huella de esta misión?
“Lo que me gustaría que quede es que, cuando los gobiernos no nos representan, la acción civil sí tiene un rol y puede hacer la diferencia. Que la gente entienda que no somos gobiernos, que somos personas, individuos, y que podemos tomar acción frente a las injusticias que se producen en el mundo.
Que sí se puede: como individuos organizados, se puede”.


