En cada plato palestino hay algo más que ingredientes. Hay historia, familia y memoria. En la cocina de Sofía Halabi, chef profesional chileno-palestina, esas capas de significado aparecen constantemente: en los olores que recuerdan la cocina de su abuela, en las recetas transmitidas por generaciones y en el compromiso de mantener vivas las tradiciones de un pueblo cuya cultura sigue viajando con su diáspora.
En Chile, hogar de una de las comunidades palestinas más grandes fuera del Medio Oriente, la cocina ha sido uno de los vínculos más fuertes con la identidad. Halabi lo entiende como una responsabilidad: cocinar también es contar una historia.
Este año volvió a representar a Palestina en el Festival Internacional de Gastronomía Bahía Inglesa, llevando consigo no solo recetas, sino también el relato de una cultura que se niega a desaparecer.

1- En Chile existe una de las diásporas palestinas más grandes del mundo. ¿Cómo ves la evolución de la cocina palestina dentro de esta comunidad?
“Desde que los primeros palestinos llegaron a Chile, hace más de cien años —nuestros bisabuelos— la tradición culinaria logró adaptarse con relativa facilidad. Encontraron en el territorio chileno una tierra muy fértil y con muchos elementos en común con Palestina.
Ingredientes como el olivo, el trigo o la uva fueron fundamentales para que la cocina palestina pudiera desarrollarse aquí de manera rápida. Con el tiempo también se comenzaron a cultivar productos muy usados en nuestras recetas, como zapallos pequeños, berenjenas y otras verduras que hoy incluso se encuentran listas para rellenar en lugares como La Vega.
De alguna forma, la comida palestina logró arraigarse tanto en Chile que hoy forma parte también de la cultura culinaria del país.
Es cierto que algunas recetas se perdieron con el tiempo, pero aún conservamos los recuerdos de lo que cocinaban nuestros abuelos: cómo preparaban el pino, la masa o los rellenos. Hoy nuestra generación es la que repite esas recetas, aunque ellos ya no estén. Ese es su legado.
Por eso creo que es responsabilidad de nuestra generación transmitir esas costumbres, sabores y técnicas a las nuevas generaciones. Esa es la única forma de que las tradiciones culinarias sigan vivas y de que tampoco olvidemos de dónde venimos”.
2- Este año participaste nuevamente en el Festival Internacional de Gastronomía Bahía Inglesa representando a Palestina. ¿Qué significa para ti llevar esta cocina a un escenario internacional?
“Es la tercera vez que me invitan a este festival, pero esta fue la primera vez desde que comenzó el genocidio en Palestina y en Gaza. Por eso mi participación fue muy especial.
Sentí que llevaba conmigo el deber de informar y de mostrar nuestra cultura, explicar al mundo lo que está ocurriendo con nuestro pueblo, algo que muchas veces los medios no cuentan.
Fue muy importante poder mostrar nuestra cocina no solo a chefs internacionales, sino también a muchos chilenos que quizás no conocen en profundidad lo que significa la gastronomía palestina.
Mostrar Palestina en este tipo de escenarios también es mostrar su historia. En nuestra tierra se cultivan trigo, uvas y olivos desde antes de Cristo, y esas tradiciones siguen vivas hasta hoy. Son los mismos ingredientes que continúan estando en nuestras mesas y que cualquier palestino en el mundo reconoce como parte de su identidad.
Para mí fue muy significativo representar a un pueblo que lucha constantemente por sus derechos y su libertad. La cocina palestina es también un acto colectivo y una forma de celebrar la tierra”.
3- En un festival donde participan chefs de países como Japón, China o México, ¿cómo dialoga la cocina palestina con otras tradiciones culinarias del mundo?
“Lo interesante es darte cuenta de que muchas cocinas del mundo comparten una raíz similar: cómo cada pueblo aprendió a alimentarse con lo que tenía a su alrededor.
Muchos ingredientes que usamos en Palestina también aparecen en otras cocinas con las que compartí en el festival. Lo hermoso de esos encuentros es poder intercambiar historias: cómo cocinaba tu abuela, cómo aprendiste tu receta.
Te das cuenta de que un plato no es solo un plato. Detrás hay historias familiares que conectan generaciones.
También es interesante observar cómo un ingrediente tan común como el arroz, por ejemplo, puede transformarse en platos completamente distintos dependiendo de las técnicas o tradiciones de cada cultura. La cocina tiene esa capacidad de unir a los pueblos”.
4- Cuando cocinas un plato palestino, ¿qué recuerdos aparecen?
“Uno de los recuerdos más vivos es la cocina de mi abuela en Patronato, un día sábado. Estaba llena de ollas, de rellenos de todo tipo, y en el patio se armaba una gran mesa donde llegaban primos, tíos y toda la familia. Era una reunión, una fiesta.
También recuerdo mucho los olores. Cuando viajé a Palestina en 2019 y caminé por Belén, el aroma del café y de las especias me transportó inmediatamente a la cocina de mi abuela.
Era una cocina que tardaba días en prepararse y que luego, cuando finalmente llegaba a la mesa, se convertía en un acto colectivo: desde preparar los ingredientes hasta servirlos.
Ese recuerdo sigue muy presente en mí y refuerza una idea que siempre repito: la cocina palestina es un acto colectivo y también un acto de resistencia”.
5- En tiempos donde Palestina aparece muchas veces en las noticias por el genocidio, ¿qué importancia tiene mostrar su cultura a través de algo tan cotidiano como la comida?
“Ojalá pudiéramos escuchar más noticias positivas sobre Palestina. No sabemos hasta dónde llegará Israel con este genocidio, pero hay algo claro: mientras existan palestinos, la comida seguirá siendo un acto de resistencia.
Cocinar lo que nos enseñaron nuestros abuelos es también parte de la lucha de la diáspora. Porque nuestra herencia, lo que somos y de dónde venimos, nadie nos lo puede quitar.
Hay que entender que el plato que nos sirven nuestras madres o nuestras abuelas no es solo comida. Es un plato lleno de historia, cuyos ingredientes vienen de una tierra fértil llamada Palestina.
Nuestros abuelos aprendieron a cultivarla y esa herencia llegó hasta Chile. Hoy, cada vez que ponemos esos platos en la mesa, estamos honrando a nuestros antepasados.
Desde el 7 de octubre he sentido el corazón muy apretado. Participar en estos espacios me ha permitido compartir con otros y explicar la importancia de nuestra cultura y de nuestra lucha.
Nos podrán haber desplazado de nuestra tierra, pero nunca nos van a desplazar de nuestras recetas y tradiciones”.
6- Tu viaje a Palestina también marcó profundamente tu relación con la cocina.
“Desde que tengo memoria siempre me gustó cocinar. Después decidí estudiarlo profesionalmente. En 2019 emprendí un viaje a Palestina que inicialmente iba a durar un mes, pero finalmente se extendió a tres. Durante ese tiempo conocí muchas ciudades de la Palestina ocupada y también los lugares donde nacieron mis abuelos.
Ese viaje me permitió comprender mejor la cocina de ellos y también la historia detrás de la migración de muchas recetas. Estar allí fue entender lo duro que es dejar tu tierra sin haberlo elegido.
Palestina reconectó mis sentidos y mi corazón de una forma muy profunda. Despertó algo que siempre estuvo dentro de mí: la necesidad de alzar la voz por nuestras tradiciones”.
Para Sofía Halabi, cocinar es mucho más que preparar alimentos. Es una forma de memoria, de identidad y de resistencia.
En cada receta que llega a la mesa sobreviven las historias de quienes dejaron su tierra, pero también la certeza de que la cultura palestina continúa viva en cada hogar de la diáspora.
Porque, como ella misma dice, mientras sigamos cocinando, Palestina seguirá estando presente.


