Creció en La Calera en una familia donde el deporte, el trabajo y sus raíces árabes fueron parte de su historia. A los 14 años ya representaba a Chile en el tenis y, más de dos décadas después, volvió a vestir la camiseta nacional, esta vez desde el pádel. Ingeniera civil industrial y seleccionada chilena, Dalal Chahuán se prepara ahora para un nuevo desafío: competir por Chile en el Mundial de Pádel de Qatar. Dalal Chahuán
Mucho antes de llegar a la selección chilena de pádel, estaban La Calera, su familia y una infancia marcada por el deporte.
Dalal Chahuán creció jugando y compitiendo con sus hermanos, practicando básquetbol en el colegio y descubriendo casi por casualidad el tenis gracias a unas raquetas que tenía una prima. También estaban las tardes junto a sus primos en los negocios de sus abuelos, Alegrías Chahuán y Nadia Misleh, dos figuras que ocupan un lugar especial en sus recuerdos y en su historia familiar.


Su abuelo tenía una tienda de zapatos y su abuela estaba vinculada directamente al mundo deportivo a través de Aiwa Sports, donde vendía artículos deportivos y zapatillas. Entre juegos, mercadería y algún que otro reto por hacer demasiado ruido, Dalal fue creciendo en un ambiente que terminaría marcando su relación con el deporte.
A los 14 años, esa relación la llevó por primera vez a representar internacionalmente a Chile en el tenis. Décadas después, una nueva disciplina volvió a abrirle las puertas de una selección nacional.
En 2021 comenzó a jugar pádel casi como un pasatiempo. En 2025 fue llamada a la preselección chilena y en 2026 integró el equipo que consiguió en Paraguay la clasificación al Mundial de Qatar.
Hoy compatibiliza los entrenamientos y las competencias con su carrera profesional como ingeniera civil industrial y gerente de Tecnología de Holdo. Un recorrido en el que, asegura, siempre han estado presentes su familia, sus apellidos y sus raíces.
En conversación con Al-Damir, Dalal Chahuán habla de ese camino, de los recuerdos que conserva de sus abuelos y de lo que significa volver a representar a Chile sabiendo de dónde viene.
Dalal, para comenzar, ¿quién eres y cómo describirías la historia que te ha llevado desde tu infancia en La Calera hasta representar hoy a Chile en la selección nacional de pádel?
“Soy una mujer competitiva, apasionada por el deporte y a la que le encantan los desafíos. Crecí en La Calera en una familia donde siempre se vivió el deporte; junto a mis hermanos estábamos todo el tiempo jugando y compitiendo por algo.
La primera vez que jugué tenis fue porque mi prima tenía unas raquetas en su casa y empezamos a pelotear. En el colegio, en el Instituto Rafael Ariztía de Quillota, siempre estuve en la selección de básquetbol. Mi familia siempre me ha apoyado a hacer deporte y eso es algo que llevo conmigo hasta el día de hoy”.
Tus abuelos paternos son de origen árabe y los apellidos Chahuán y Misleh forman parte de tu historia familiar. ¿Qué lugar han ocupado esas raíces en tu vida y qué recuerdos te conectan con ellas?
“Mi abuelo Alegrías Chahuán tenía una tienda de zapatos, y mi abuela Nadia Misleh vendía artículos deportivos y zapatillas en su negocio, Aiwa Sports.
Con mis hermanos y primos pasábamos horas jugando en la tienda; muchas veces nos retaban por meter ruido y por ensuciar mercadería que después no se iba a poder vender (jajaja), pero lo recuerdo con muchísimo cariño. Sin lugar a dudas, esa convivencia me ayudó a ser deportista. Mis abuelos son personas muy trabajadoras y responsables, a quienes admiro profundamente”.


El deporte apareció muy temprano en tu vida. A los 14 años llegaste a representar a Chile en un Mundial de tenis en República Checa. ¿Cómo recuerdas esa experiencia?
“Fue una experiencia que te abre los ojos: ver cómo entrenaban los mejores del mundo, que a esa edad ya jugaban casi como profesionales y no como en categorías de menores.
También me enseñó a ser mucho más independiente, ya que me fui sola con el equipo un mes completo a Europa a competir. Representar a Chile y a Sudamérica tan lejos fue un verdadero honor”.
Después de años vinculada al tenis, en 2021 apareció el pádel. ¿Cómo un pasatiempo terminó llevándote nuevamente a una selección nacional?
“Partió como un pasatiempo, ya que era el deporte que se podía jugar saliendo de la pandemia y era muy fácil armar partidos porque muchísima gente lo estaba jugando.
La base técnica y la lectura de juego que me dio el tenis me ayudaron mucho, pero el pádel requiere una táctica en pareja, el uso de las paredes y una dinámica distinta a la que me tuve que adaptar. Ahí empecé a entrenar más y a subir de categoría.
Cuando empecé a jugar en primera categoría me di cuenta de que podía competir de igual a igual contra jugadoras consolidadas. La entrenadora de la selección nacional notó eso y me llamó a la preselección en 2025”.

En 2026 conseguiste junto a Chile la clasificación al Mundial de Qatar. ¿Cómo viviste ese momento y qué significa volver a representar al país tantos años después de aquella experiencia en el tenis?
“Fue un momento muy intenso y con muchísima emoción. Fuimos a jugar a Paraguay con la ilusión de conseguir ese cupo al Mundial y la verdad es que costó bastante: fuimos con un equipo muy nuevo, donde cinco de las ocho jugadoras eran Sub-20.
Lograr la clasificación a pesar de todos los inconvenientes fue un orgullo tremendo para todo el grupo. Ahora estoy 100% enfocada en entrenar y llegar en las mejores condiciones físicas al Mundial de Qatar”.
Al mismo tiempo eres ingeniera civil industrial y gerente de Tecnología. ¿Cómo logras compatibilizar una carrera profesional tan exigente con entrenamientos, viajes y competencias?
“Es muy difícil, porque trabajo en horario de oficina de 9:00 a 18:00 horas. Intento hacer trabajo físico en la hora del almuerzo y pádel en las tardes. Además, juego unos dos torneos al mes, generalmente en Santiago o Concón.
Si bien no es fácil organizarse y cumplir con todo, mi familia y mis compañeros de trabajo me apoyan al 100%. Por otro lado, el deporte me enseñó a estar muy orientada a objetivos, lo que me ayuda bastante a organizar equipos y proyectos en el trabajo”.
Tu historia cruza La Calera, tus raíces árabes, el tenis, tu carrera profesional y ahora la selección chilena de pádel. Cuando miras todo ese recorrido, ¿qué significa representar a Chile llevando también contigo la historia de tu familia?
“Significa un orgullo gigante. Al final todo se conecta: el esfuerzo que vi en mis abuelos trabajando en sus tiendas, el apoyo incondicional de mis papás en La Calera desde que empecé con el tenis y el camino profesional que he construido como ingeniera.
Poder representar a Chile sabiendo de dónde vengo, llevando los apellidos de mi familia y sabiendo que la comunidad árabe siempre está apoyando, hace que todo el sacrificio de compatibilizar el trabajo con el deporte valga totalmente la pena”.
De La Calera a Qatar
Hay algo circular en la historia de Dalal Chahuán.
A los 14 años tomó una raqueta y salió de Chile para competir internacionalmente en tenis. Más de dos décadas después, otra raqueta la llevó nuevamente hasta una selección nacional.
Entre ambos momentos hubo estudios, una carrera profesional, trabajo y nuevas responsabilidades. Pero también permanecieron algunas de las cosas que estaban al comienzo de la historia: La Calera, el deporte, el apoyo de sus padres y el recuerdo de sus abuelos.
Alegrías Chahuán y Nadia Misleh aparecen en su relato no solo como parte de sus raíces, sino como referentes del esfuerzo y el trabajo que Dalal reconoce hoy en su propia forma de enfrentar los desafíos.
En noviembre llegará uno nuevo.
Cuando entre a la cancha en Qatar para representar a Chile en el Mundial de Pádel, lo hará muchos años después de aquella adolescente que viajó a Europa con una selección de tenis. Esta vez llegará con otra trayectoria y otra disciplina, pero llevando consigo la misma historia familiar.
Como ella misma lo resume: representar a Chile es un orgullo, pero hacerlo “sabiendo de dónde vengo” le entrega un significado todavía mayor.


