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EL ARTE DE VIVIR CON MUSICA

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Patricio Molina Khouzam, Octavio Hasbún Rojas y Adel Abed Chehab hicieron noticia a partir de los primeros números de Al Damir.

Para el filósofo alemán Friedrich Nietzs- che, “sin música, la vida sería un error”. Tal fue el caso de Patricio Molina Khou- zam, pianista radicado en Nueva York, quien a los 4 años se lo calificó como su- cesor de Claudio Arrau; Octavio Hasbún Rojas, académico de la UC, quien tras estudiar medicina veterinaria, decidió profesionalizarse como flautista; y Adel Abed Chehab, hoy el flamante director de Ensemble Tarab, orquesta árabe de cámara, y del Coro Bizantino San Juan Damasceno. Tres herederos de la cultura árabe, de distintas generaciones, que desembocaron en el mismo mar.

PATRICIO MOLINA

Para este pianista de 24 años oriundo de Los Andes, la música fue un pilar funda- mental desde la infancia. A los 4 ya des- lumbraba por su inaudito talento. Hasta que en 1993, los Amigos del Teatro Muni- cipal le otorgaron una beca para estudiar en la Universidad de Chile. “Mi papá sabía lo básico de música y me enseñó a tocar una escala y a reconocer las notas. Entonces se dio cuenta de que aprendía muy rápido, por lo que contrató una profesora. Y ella concordó. Imagino que nací con ese talento”, cuenta desde Nueva York.

-¿Cómo viviste tu infancia? ¿Jugabas, tenías amigos en el Colegio Árabe?

-Más que nada, mi vida social con niños estaba en el Estadio Sirio. Los veranos los pasaba en la piscina y jugaba en el equipo de fútbol. Aún me acuerdo que jugaba de defensa. En el 2000 salimos campeones de Santiago.

De visita en Estados Unidos a los 13 años, halló un piano en una escuela de Nueva Jersey y tocó. “Al escucharme, una se- ñora me dijo: Antes de que te vayas, me gustaría que vieras a alguien. Y me llevó donde un profesor de piano. El me acom- pañaría al Manhattan School of Music, donde me dieron una beca completa. Llamé a mi papá y le pregunté si me queda- ba. Con mucha sorpresa, me dijo: Ese es tu futuro”. Y este magíster en música no se ha quedado tranquilo. A partir de septiembre estudiará en la Universidad de Rutgers (NJ) un doctorado doble en Filosofía de la Composición en Música y en Artes Musicales.

OCTAVIO HASBUN

Su interés por la música también se desarrolló en la infancia gracias a su padre, Julio Hasbún Salamé: “Desde muy peque- ños nos hacía escuchar música selecta. Colocaba antiguos discos de vinilo en un tocadiscos Phillips, con selecciones del Ballet Cascanueces de Tchaikovsky, La Rapsodia en azul de Gershwin o el primer movimiento de la 5a sinfonía de Beetho- ven”. Su inclinación por la flauta dulce nació cuando cursaba humanidades, pues se sentía atraído por la música renacen- tista y barroca. “Primó un cierto encantamiento con su sonido, entre pastoril e instrumento serio”, rememora.

-¿Qué lo hizo inclinarse por medicina veterinaria?

-A pesar de mi exitosa impronta como flautista, consideraba que estas actividades eran un paréntesis y debía estudiar una “carrera seria”. Deambulé tres años por arquitectura y agro- nomía, abandonándolas por mis compromisos artísticos y poca convicción vocacional. Después elegí medicina veterinaria en la Universidad de Chile. En 1973, la mayoría de los veterinarios y agrónomos del aparato estatal, que tenían que ver con la reforma agraria, quedaron cesantes. Pero, intervino el azar nuevamente. Me ofrecieron ser profesor en la misma universidad y así inicié mi carrera como músico, abandonando para siempre la idea de ser veterinario. Desde 2005, junto a Oscar Ohlsen, conduce y produce “Música Arcana” en Radio Beethoven: “Hemos logrado muy bue- na empatía con un enorme grupo de auditores que nos siguen con real interés. Son pocos los programas que incluyen comen- tarios y datos históricos de un legado enorme de casi diez siglos de música occidental”.

ADEL ABED

Para el director de Ensemble Tarab, orquesta árabe de cáma- ra y del Coro Bizantino San Juan Damasceno, la música cumple un rol importante desde su niñez. Su padre sirio, Georges Abed, Arcipreste y Vicario General de la Arquidiócesis Ortodoxa en Chi- le, y su madre libanesa, Marwa Chehab, le inculcaron la pasión por esta disciplina. “Cuando cumplí cinco años me preguntaron: ¿Qué instrumento quieres aprender? Y yo contesté: ‘La guitarra’. En el Líbano era un instrumento muy exótico”, revela. “También tengo recuerdos de esa edad cantando en el coro de la Iglesia Ortodoxa. Mi papá nos enseñó a cantar y leer música bizantina, por lo que si no fuera por él no estaría tan metido en esto”.

-¿Cómo ha sido para ti el sincretismo entre las culturas ára- be y chilena?

-Nací en el Líbano y llegué a Chile a los 7 años. Después de 24 años, Chile es mi casa. Sin embargo, nunca he dejado de lado mis raíces. Una de las bases de mi trabajo musical es encontrar las semejanzas que existen entre la música latinoa- mericana y la árabe. Es un desafío apasionante y que requiere mucha dedicación. De hecho, la idea de formar Ensemble Ta- rab se debe “a una necesidad de interpretar la música árabe en todas sus expresiones, incluyendo música popular, clási- ca, fusión y creaciones propias. Es un proyecto que implica mostrar la tradición de nuestras raíces y explorar todas sus posibilidades”.

NHASSIM GAZALE
Este amante del contrabajo, dejó a su familia en Curanilahue para continuar sus estudios instrumentales y proseguir con uno de los maestros de la Filarmónica de Berlín, ciudad que lo alberga desde el 2009. Becado un año por la Fundación de Orquestas Infantiles y ante la imposibilidad de seguir finan- ciando su permanencia, el presidente de la Fundación Belén 2000, José Said, le otorga desde entonces los recursos para mantener en pie su promisoria carrera.

ISMAEL LATRACH
A los 15 años, Ismael se presentó en la audición para integrar el Coro Crecer Cantando, una iniciativa del Teatro Municipal de Santiago que, a través del canto, apoya la formación social y valórica de los jóvenes. Hoy empinándose en la treintena, des- taca como subdirector de esta importante agrupación juvenil.

CARLOS JARUFE YURI
Ya en el número 10, Al Damir destacaba la sensibilidad musical de este chileno-palestino. Todo un folklorista, su cueca “Ya lle- gó el Bicentenario” obtendría el tercer lugar entre las 148 que participaron en el concurso para la conmemoración de los 200 años de nuestro país.

MARIA JOSE YARUR
Fue la primera alumna mujer en graduarse de la carrera de Composición en la UC. Revelación como cantante y composi- tora, María José actuó siempre bajo pseudónimo. Hoy, sí, está cierta de haber alcanzado su madurez artística, liberándose para mostrarse tanto en las artes como en su deporte favorito: el ajedrez.

Nayive Ananías Gómez

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