Los abuelos de Elías Selman dejaron Palestina a comienzos del siglo XX sin imaginar que, generaciones más tarde, su familia sería parte del desarrollo empresarial de Chile. Economista, fundador de Grupo Time, pionero de la investigación de mercados en América Latina y actual presidente de Integra Metrics, Selman reflexiona sobre el legado de la inmigración palestina, los desafíos que enfrenta Palestina y la responsabilidad de transmitir esa historia a las nuevas generaciones.
Por: Valentina Jerez Selman
Cuando Elías Selman habla de emprendimiento, no comienza mencionando empresas. Tampoco cifras, mercados o indicadores económicos. Su historia parte mucho antes: con sus abuelos dejando Palestina a comienzos del siglo XX y emprendiendo un largo viaje que los llevó primero a Portugal, luego a Argentina y finalmente a Chile.
Para él, esa travesía explica mejor que cualquier teoría económica el desarrollo de la diáspora palestina. Antes de las industrias y de las grandes empresas hubo familias que llegaron con poco más que un oficio, la voluntad de trabajar y la convicción de empezar de nuevo.
Más de un siglo después, Selman observa ese recorrido como economista, empresario y nieto de inmigrantes palestinos. Y aunque dedicó su vida a estudiar mercados y desarrollar nuevas herramientas para medir audiencias, insiste en que el mayor legado de su familia nunca estuvo en el dinero, sino en la forma de enfrentar la vida.
- La comunidad palestina en Chile ha destacado históricamente por su aporte al emprendimiento. ¿Qué cree que explica ese desarrollo?
«Todo parte con la inmigración. Mis abuelos dejaron Palestina en 1905 y vivieron cinco años en Portugal antes de llegar a Chile. Allí nació mi tía Constancia, un nombre que mi abuela conservó como recuerdo de esa etapa. Después pasaron por Argentina y finalmente llegaron a Chile en 1910.
Cruzar un océano en esa época era como viajar a la Luna hoy. Quienes hacían ese viaje llegaban con una sola idea: empezar de nuevo. El emprendimiento nació de esa necesidad de sobrevivir. Mi abuelo comercializaba, mi padre comenzó a fabricar y mi generación llegó a la universidad. Cada una aportó desde las oportunidades que le tocó vivir”.
- Su historia familiar refleja muy bien ese proceso migratorio. ¿Qué enseñanzas recibió en casa?
«Mi abuelo trabajaba la concha nácar haciendo artesanías para los peregrinos cristianos que visitaban Tierra Santa. Después vino la emigración. Mi padre, Abraham Selman, fue el primero de la familia en nacer en Chile, en Parral, y siempre nos hablaba del sacrificio que significó empezar desde cero.
De niño iba a los remates de La Vega antes de entrar al colegio porque la situación económica era muy difícil. Esa experiencia lo marcó para toda la vida. Hasta el día en que murió recorría la casa apagando las luces porque sabía lo que costaba ganar el dinero. Ahí entendí que el trabajo, el ahorro y la responsabilidad no eran un discurso; eran una forma de vivir”.
Aunque su historia comenzó en un hogar marcado por el comercio familiar, Elías Selman eligió un camino distinto. Cambió los talleres por la economía, los negocios tradicionales por la investigación de mercados y terminó convirtiéndose en uno de los pioneros de esa industria en Chile.
- Usted fue pionero en la investigación de mercados e impulsó empresas que marcaron una industria. ¿Siempre quiso emprender?
«Nunca pensé trabajar para otra persona. Creo que eso tiene mucho que ver con mi historia familiar. Mi abuelo fue comerciante, mi padre levantó una pequeña industria y yo traté de aportar desde el conocimiento. Cada generación continúa el camino de la anterior utilizando las herramientas que le toca vivir.
Emprender, para mí, nunca fue solamente crear empresas. Fue continuar una historia que comenzó mucho antes que yo”.
Después de hablar de su propia historia, la conversación inevitablemente vuelve a Palestina. Allí responde ya no solo como empresario, sino también como economista y descendiente de una familia que debió abandonar su tierra para comenzar nuevamente.
- Desde su experiencia como economista, ¿qué necesita hoy Palestina para reconstruir su economía?
«El principal desafío no es económico; es político. Mientras no exista una solución política, será muy difícil pensar en un desarrollo sostenible.
La diáspora puede aportar educación, emprendimiento, universidades y conocimiento. Pero sin estabilidad cualquier proyecto tendrá un límite. La economía necesita certezas para crecer. Y hoy ese sigue siendo el gran desafío de Palestina”.
- ¿Qué rol puede desempeñar la diáspora palestina, y en particular la comunidad palestina en Chile, en ese proceso?
«La diáspora tiene un papel muy importante. Puede aportar conocimiento, experiencia profesional, apoyar proyectos educativos y acompañar a las nuevas generaciones. Todo eso suma.
Pero también hay que ser realistas. Mientras no exista una solución política, será muy difícil construir un desarrollo económico sostenido. La solidaridad siempre será necesaria, pero la estabilidad sigue siendo la base de cualquier proyecto de futuro”.
La mirada de Selman sobre Palestina no se limita al análisis económico. A lo largo de la conversación vuelve una y otra vez a la idea de la familia como el espacio donde realmente se preserva la identidad.
- Después de una vida construyendo empresas y estudiando mercados, ¿qué representa hoy Palestina en su vida?
«Representa mis raíces. Representa la historia de mi familia y el sacrificio de quienes dejaron todo para empezar de nuevo.
Mi madre no era palestina, pero aprendió a cocinar comida árabe y abrazó nuestra identidad como propia. Mi padre hablaba árabe antes que español y siempre lamenté no haber aprendido el idioma. Con los años uno entiende que las raíces también viven en esas pequeñas cosas: la comida, el idioma, las historias familiares y la memoria”.
- ¿Cómo cree que las nuevas generaciones pueden mantener vivas sus raíces palestinas?
«Eso comienza en la familia. Mi padre nos enseñó a amar Palestina y yo he tratado de hacer exactamente lo mismo con mis hijos.
Las instituciones cumplen un rol importante, pero la identidad se transmite primero en la casa. Si una generación deja de contar su historia, las raíces comienzan a perderse”.
- Si tuviera que resumir el legado que recibió de sus padres y abuelos palestinos en una sola enseñanza, ¿cuál sería?
«Que el trabajo, el esfuerzo y la honestidad nunca pasan de moda. Heredé la convicción de que uno siempre puede empezar de nuevo, por difíciles que sean las circunstancias. Creo que ese fue el verdadero legado de la inmigración palestina.
Hemos construido empresas, estudiado y formado nuevas generaciones, pero hay algo mucho más importante que todo eso: nunca olvidar de dónde venimos. Si yo les enseño a mis hijos, ellos se lo enseñarán a los suyos”.
La historia de Elías Selman es, en muchos sentidos, la historia de miles de familias palestinas que encontraron en Chile un lugar para reconstruir sus vidas sin renunciar a sus raíces. Para él, el emprendimiento nunca fue únicamente una actividad económica, sino la consecuencia natural de una generación obligada a comenzar desde cero.
Más de un siglo después de la llegada de sus abuelos, sostiene que el mayor patrimonio que puede heredarse no son las empresas ni los logros profesionales, sino la memoria, el esfuerzo y la responsabilidad de transmitir a las nuevas generaciones la historia de un pueblo que, pese a la distancia, continúa viviendo en cada familia de la diáspora.

