Fundado en Jaffa en 1911, Falastin se convirtió en una de las voces más influyentes del periodismo árabe y en una plataforma clave de conciencia nacional palestina durante la primera mitad del siglo XX.
Por Valeria Apara Hizmeri
Antes de que la palabra “Nakba” nombrara la catástrofe, antes de que la partición fuera un hecho consumado y antes incluso de que Palestina desapareciera de los mapas tras la ocupación sionista, hubo un periódico que advirtió lo que estaba ocurriendo. Desde Jaffa, a comienzos del siglo XX, el diario Falastin comenzó a escribir una historia de alerta, resistencia y memoria que hoy sigue resonando con fuerza.

Fundado en 1911 por los primos Issa y Yousef El-Issa, intelectuales cristianos palestinos formados en Beirut y Estambul, Falastin nació en una ciudad portuaria vibrante, corazón económico y cultural del país. En poco tiempo, el periódico se consolidó como una de las principales voces del periodismo árabe en Palestina, en una etapa marcada por el ocaso del Imperio Otomano y el inicio de profundas transformaciones políticas en la región.
Desde sus primeras ediciones, el diario asumió un rol que iba mucho más allá de la información cotidiana. Falastin se convirtió en un espacio central de debate intelectual y político, estrechamente vinculado al surgimiento del movimiento nacional palestino. Bajo el Mandato Británico, sus páginas defendieron la identidad árabe-palestina, la unidad nacional y los derechos de la población local, alcanzando una amplia circulación y una influencia decisiva en la formación de opinión pública.
Pero uno de los rasgos más notables de Falastin fue la lucidez temprana con la que interpretó los procesos que se estaban desplegando en el territorio. Ya desde la década de 1910, el periódico publicó artículos que advertían sobre la inmigración judía organizada desde Europa y denunciaban la compra masiva de tierras palestinas por el Fondo Nacional Judío y otras organizaciones sionistas. En un tiempo en que muchos aún veían estos movimientos como episodios aislados, Falastin alertó que el objetivo final era la creación de un Estado judío mediante el desplazamiento de la población local.

Ya en 1913 advertía sobre “el peligro de convertir a Palestina en una colonia ajena a su pueblo”. En un editorial publicado ese año, el diario escribía:
“Quien compra la tierra hoy, comprará mañana el país entero”.
Las palabras que utilizó resultan hoy especialmente reveladoras. En sus columnas aparecieron expresiones como “colonización sionista”, “peligro para la nación árabe en Palestina” y “desposesión de los campesinos palestinos”. Más que consignas, eran diagnósticos. A través de ellas, el diario contribuyó a concientizar tanto a la población urbana como rural sobre la magnitud de los cambios que se estaban produciendo y sobre las consecuencias que estos tendrían para el futuro del país.
Esa postura crítica tuvo un costo elevado. El periódico fue clausurado en múltiples ocasiones por las autoridades otomanas y luego por el gobierno británico. Sus editores, Issa y Yousef El-Issa, fueron arrestados al menos en tres oportunidades y sometidos a interrogatorios, multas y censura previa. En 1933, durante una de sus suspensiones más largas, la imprenta fue sellada por orden directa del Alto Comisionado británico.
A pesar de estas persecuciones, en sus primeros años alcanzó una circulación inusual para la época: entre 3.000 y 5.000 ejemplares semanales en la década de 1920, distribuidos no solo en Palestina, sino también en Beirut, Damasco, El Cairo e incluso entre comunidades palestinas emigradas en América Latina.
A pesar de ello, Falastin logró sobrevivir durante más de cinco décadas. Tras la Nakba de 1948 y la expulsión masiva de la población palestina, el diario abandonó Jaffa y reanudó su publicación desde Jerusalén Oriental. Allí continuó apareciendo como semanario hasta 1967, cuando, tras la ocupación israelí de la ciudad, fue definitivamente cerrado y su archivo confiscado.
Más de cien años después de su fundación, Falastin permanece como una de las experiencias más significativas de la historia de la prensa palestina. Su trayectoria recuerda que el periodismo no solo registra los hechos, sino que también puede anticiparlos, interpretarlos y enfrentarlos. En tiempos de censura, colonización y despojo, aquel diario fue una herramienta de identidad, una voz de advertencia y un archivo temprano de la memoria palestina.
La existencia misma de Falastin desmonta uno de los mitos más persistentes del sionismo: que no existía una identidad palestina antes de la creación de Israel. Fundado casi cuatro décadas antes de 1948 por intelectuales palestinos, este diario no solo llevaba el nombre de Palestina, sino que hablaba en nombre de un pueblo que ya se reconocía como tal. A veces, una página impresa basta para desmentir un intento de mentira histórica.

