En medio del genocidio israelí contra la Franja de Gaza, el publicista chileno Raúl Díaz y su
equipo sintieron que no bastaba con observar la devastación a la distancia. Desde ese
impulso nació “Fragmentos de Resistencia”, un proyecto que convirtió un escombro real de
una casa bombardeada en Gaza en un símbolo vivo de memoria, denuncia y
reconstrucción.
Ese fragmento —extraído con la colaboración de palestinos en la Franja— no quedó como
objeto estático. Fue incorporado en los banderines oficiales del Club Deportivo Palestino,
viajando con el equipo por distintas canchas de Sudamérica como testimonio material de la
existencia palestina en medio de la destrucción.
Lo que comenzó como un gesto simbólico trascendió su dimensión inicial. A través de
alianzas con iniciativas humanitarias como Rebuild Gaza 24, el proyecto permitió
transformar la ruina en acción concreta, contribuyendo a la construcción de pozos que hoy
facilitan acceso a agua potable para miles de personas en Gaza.
En entrevista con Revista Al Damir, Raúl y su equipo reflexionan sobre el origen de la
iniciativa, el desafío de trasladar un fragmento cargado de historia y pérdida, y la decisión
de utilizar el fútbol como plataforma para hacer viajar un pedazo real de Gaza por el mundo,
recordando que incluso entre los escombros, la vida y la dignidad resisten.
- ¿En qué momento sintieron que no bastaba con observar lo que estaba
ocurriendo en Gaza y que era necesario transformar esa angustia en una
acción concreta? ¿Cómo nace “Fragmentos de Resistencia”?
“Siempre tuvimos claro que esto no comenzó el 7 de octubre. Sin embargo, lo que ocurrió
después de esa fecha reforzó nuestra convicción de que, desde nuestro lugar, la
comunicación podía transformarse en una herramienta concreta de apoyo, aunque fuera en
una escala pequeña.
A eso se sumaba algo que compartíamos profundamente: el vínculo con el fútbol y la
incomodidad de ver cómo en los estadios del mundo se restringía la posibilidad de alzar la
voz por Palestina.
En ese cruce de reflexión, oficio y pasión, surgió la idea de manifestarnos contra el
genocidio utilizando al Club Deportivo Palestino como portavoz y un pequeño fragmento de
Palestina como mensaje. Un recordatorio simple pero potente: Palestina es eterna”. - El fragmento proviene de una casa bombardeada, de un espacio íntimo,
familiar. ¿Qué significó para ustedes trabajar con un objeto que no es solo
simbólico, sino profundamente real y cargado de historia y pérdida?
“Para nosotros significó, ante todo, asumir el proyecto con un profundo respeto. No tenía la
banalidad del trabajo cotidiano; desde el inicio lo sentimos distinto y nos involucramos de
manera personal.
Entendimos que ese fragmento no cargaba solo una historia, sino que llevaba consigo la
vida que habitaba ese hogar y la realidad que hoy viven tantas familias en Gaza”. - Durante el desarrollo del proyecto hablaste directamente con personas que
estaban en Gaza en medio de los bombardeos. ¿Cómo fueron esas
conversaciones y qué es lo que más te marcó de lo que te contaban desde
allá?
“Hablar con ellos fue, ante todo, muy difícil. Pero también fue profundamente sobrecogedor
recibir su entusiasmo y compromiso con la idea, así como su disposición a hacerla posible
en medio de todo.
Un hecho específico que nos marcó profundamente, fue el contacto con personas de
UNRWA. Días después de haber establecido comunicación, al menos cinco de los seis
responsables de comedores comunitarios con quienes habíamos hablado fueron
asesinados en un bombardeo.
Eso nos dejó, en ese momento, sin la posibilidad de iniciar el proyecto”. - Sacar ese fragmento de Gaza implicó riesgos, silencios y estrategias. ¿Qué
obstáculos encontraron en el camino y qué les reveló ese proceso sobre todo
lo que se vive en la Franja?
“Fue una etapa compleja. Tuvimos que ocultar en todo momento el verdadero propósito de
traer ese fragmento a Chile, por lo que fue rotulado como ‘material para investigación’.
Tampoco podíamos exponer a quienes ayudaron a trasladarlo, así que cuidamos cada
comunicación y limitamos el contacto a cada punto del recorrido.
El fragmento salió desde Palestina hacia Ammán, luego pasó por Londres —a través de la
mezquita de Queens Park— y continuó su trayecto mediante una empresa de envíos,
transitando por Bélgica, Alemania y España, hasta llegar finalmente a Santiago de Chile.
Siempre con discreción, siempre oculto.
Esas complicaciones que tuvimos que enfrentar, más que revelarnos, nos vinieron a
confirmar lo que ya sabíamos sobre las condiciones que impone la ocupación”. - El fragmento proviene de una casa bombardeada, del espacio más íntimo de
una familia. ¿Cómo fue el proceso de decidir de dónde sacarlo y qué sentiste
al saber que ese pedazo de piedra pertenecía a una vida que ya no está?
“Siempre supimos que el fragmento debía provenir de un lugar así. Queríamos que tuviera
una carga real, que no fuera simbólica en abstracto. Lo que estaba ocurriendo podía
parecer una película de terror, pero era la realidad que estaban viviendo los palestinos y
palestinas.
Desde el inicio sentimos un profundo respeto por ese ‘fragmento de una casa’. Para
nosotros no era solo piedra, sino un trozo de vida.
La insistencia del Dr. Anas Mohammed en que proviniera de su propia casa, y no de un sitio
cualquiera, fue decisiva. Ese gesto de valentía —salir de su zona de resguardo para enviar
algo tan significativo— nos dio el impulso necesario para seguir adelante con el proyecto”. - Decidieron que el Club Deportivo Palestino fuera el vehículo de este proyecto.
¿Por qué el fútbol —y Palestino en particular— era el espacio adecuado para
contar esta historia al mundo?
“El fútbol era el espacio evidente, porque comenzábamos a ver cómo incluso en las
canchas y en las galerías se imponían límites a la expresión en favor de Palestina. Amamos
el fútbol, pero más aún la posibilidad de manifestarnos frente a lo que consideramos injusto.
Por eso, el fútbol debía ser parte de esta acción.
Y Palestino era el vehículo natural. Para muchos palestinos en la diáspora, el club
representa una extensión de Palestina en el mundo. Alzar su bandera o vestir su camiseta
es, en sí mismo, un acto de identidad y memoria. A lo largo de su historia, el club ha estado
ligado a las causas del pueblo palestino, por lo que este proyecto encontraba allí un espacio
coherente.
Sabíamos que la visibilidad que ofrece Palestino no tiene equivalente. Si lográbamos
integrarnos a esa vitrina, podíamos hacer circular el mensaje más allá de Chile. De la mano
del capitán Bryan Carrasco, el fragmento fue incorporado en los banderines entregados a
equipos como Universidad Católica, Mushuc Runa, Unión de Santa Fe, Cruzeiro y Bolívar.
De ese modo, un trozo de Gaza recorrió distintas canchas del continente”. - Una parte clave del proyecto es que estos fragmentos no solo preservan
memoria, sino que hoy han permitido llevar agua potable a más de 20.000
palestinos en Gaza. ¿Cómo se dio ese giro desde lo simbólico hacia un
impacto humanitario tan directo?
“Como equipo, siempre hemos buscado que las ideas que desarrollamos tengan un impacto
real. Eso es lo que nos mueve.
Desde el inicio quisimos que este fragmento, símbolo de destrucción, pudiera también
convertirse en un acto de reconstrucción.
Así fue como llegamos a Sumud Qum y Rebuild Gaza 24, organizaciones que trabajan tanto
en la provisión de bienes básicos como en la construcción de pozos de agua potable,
muchos de los cuales han sido destruidos en la Franja”. - En un contexto donde el acceso al agua es usado como un arma más de
guerra, ¿qué valor político y humano le das a que un fragmento de una casa
destruida termine garantizando algo tan básico como beber agua?
“El propio nombre del proyecto lo dice: Fragmentos de Resistencia. Porque una piedra
también puede ser una herramienta de resistencia.
Lo fue para generaciones anteriores en Chile durante la dictadura, y lo es hoy para
cualquier pueblo que deba defender su dignidad y su existencia.
Qué mejor ejemplo de resistencia que el negarse a morir. Porque el agua es vida y se les
estaba negando a los palestinos y palestinas”. - Cuando piensan en estos fragmentos incrustados en banderines, llaveros y
ahora en el escudo del Club Palestino, ¿qué esperan que ocurra cuando la
gente los mire?
“Para nosotros significa poder mirar a nuestras familias sin remordimiento y decir que, frente
a lo que estaba ocurriendo, utilizamos nuestras herramientas y nuestra profesión —muchas
veces mal utilizada— para intentar hacer algo significativo y esperanzador.
De los demás, esperamos algo simple: que frente al sufrimiento ajeno no permanezcan
indiferentes. Que se indignen, que actúen y que no callen.
Porque creemos firmemente que estamos en este mundo para ser útiles a los demás.”

