Cubrir los conflictos desde el lugar donde ocurren, escuchar directamente a quienes viven la violencia y dar testimonio desde el terreno han sido principios que han marcado la trayectoria del periodista chileno Jorge Said a lo largo de décadas de trabajo en zonas de guerra y crisis humanitarias.
Palestina, territorio que ha recorrido en múltiples ocasiones, desde ciudades hasta campos de refugiados, ocupa un lugar central en su experiencia, no solo como escenario de cobertura, sino como una realidad que, según afirma, exige ser narrada desde la cercanía y el contacto directo con las comunidades.
En entrevista con Revista Al Damir, Said reflexiona sobre la invisibilización del sufrimiento palestino, las restricciones al ingreso de periodistas a Gaza, la desigual cobertura mediática del conflicto y la responsabilidad ética de informar desde contextos donde el acceso es limitado.
Asimismo, aborda los desafíos que enfrenta el periodismo en un escenario global marcado por la censura, las presiones políticas y la necesidad de seguir documentando lo que ocurre desde la primera línea.
- Eres un periodista chileno que ha construido su carrera cubriendo conflictos armados y crisis humanitarias en terreno. ¿Qué te empuja a ir a esos lugares y no conformarte con narrarlos desde la distancia?
“Siempre para mí ha sido un objetivo principal cubrir los conflictos en directo, ir a la primera línea de batalla, poder entrevistar, testimoniar, dialogar y vivir intensamente.
Hasta hoy, tengo el gran orgullo de poder contarte que he visitado 100 países. Eso es lo que realmente estoy tratando de hacer con mi carrera. Y ahora, en estos momentos, estoy completamente decidido a terminar mis días. Es decir, a terminar, a morir en combate, en el frente de batalla, porque creo que es ahí donde realmente está la gran pasión del periodismo de guerra, del periodismo actual, del periodismo que se hace en terreno”.
- Has estado en Cisjordania, recorriendo zonas como Nablus, Hebrón y Jenín, en contextos que tú mismo has descrito como muy duros. ¿Qué lugar ocupa Palestina dentro de todas las coberturas que has realizado a lo largo de tu carrera?
“Palestina ocupa el lugar más importante dentro de mi corazón. He visitado el área una decena de veces. He estado en el norte, he estado en el sur, he estado en el centro, he estado en los campamentos de refugiados, prácticamente en todos los campamentos de refugiados.
El pueblo palestino tiene una lucha justa, es un pueblo humillado, es un pueblo que ha sido absolutamente menospreciado. Para mí, Palestina hoy día manifiesta de nuevo su identidad.
Para mí, Palestina ha perdido todas las guerras militares, pero ha ganado la guerra más importante, la guerra de los corazones de la humanidad. Ha ganado la guerra mediática a través de todos los jóvenes.
Yo creo que finalmente podemos hablar que a pesar de todas las catástrofes, a pesar de los muertos, de todos los desaparecidos bajo los escombros y de los heridos, estamos hablando de una Palestina que se va a levantar nuevamente con mayor fuerza, con mayor esperanza. Y yo creo que algún día vamos a ver una Palestina libre”.
- ¿Qué es lo que más te impactó de estar en campos de refugiados palestinos y convivir con comunidades que viven bajo ocupación permanente, amenazas y privación de recursos?
“Lo que más me impactó en los campos de refugiados palestinos fue ver cómo niños y comunidades enteras crecen sin experiencias que para muchos son básicas: nunca han ido al mar, nunca han podido asistir a un teatro, ni jugar en un estadio. Verlos sin recursos, viviendo prácticamente en la miseria y en condiciones de hacinamiento extremo, me provocó una profunda tristeza.
Recuerdo caminar por los campamentos entre pasillos de no más de un metro de ancho. Como no pueden expandirse hacia los lados por las restricciones sobre la tierra, las comunidades se ven obligadas a crecer hacia arriba: viviendas pensadas para tres o cuatro pisos hoy se elevan hasta siete, ocho o diez.
También me tocó visitar a enfermos que llevaban años sin poder levantarse de sus camas por falta de atención o por las heridas que arrastraban. Y en las noches, los tiroteos eran constantes; muchas veces, mientras realizábamos entrevistas en Jenin, debíamos tirarnos al suelo porque las balas entraban por las ventanas.
Todo esto me hizo sentir que, frente a la realidad palestina, las normas internacionales han perdido sentido: los compromisos no se respetan y la sensación es de abandono. En ese contexto, uno percibe un mundo cada vez más marcado por la militarización y la desigualdad, algo que también he visto en distintas regiones de África, donde las poblaciones enfrentan desafíos similares de pobreza, explotación y conflicto, y que inevitablemente me recuerdan a Palestina”.
- Después de haber estado ahí, ¿qué aspectos de la realidad palestina en Cisjordania crees que siguen siendo minimizados o directamente invisibilizados por los medios internacionales?
“El sufrimiento del pueblo palestino ha sido invisibilizado durante décadas. Desde la Nakba hasta hoy, la realidad palestina nunca se ha tratado con la misma atención que otros conflictos en el mundo. Cuando muere un niño israelí, la noticia recibe cobertura global; cuando mueren niños, familias o comunidades palestinas de forma cotidiana, es una realidad que no involucra a nadie.
Esto refleja una jerarquía implícita en la forma en que se narran los conflictos, donde existen —y seguirán existiendo— ciudadanos de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta categoría. Mientras los medios de comunicación estén condicionados por intereses corporativos y no por el criterio de los propios periodistas, esta desigualdad en la cobertura continuará siendo una realidad, por dura que resulte reconocerla”.
- Has dicho claramente que nunca te han permitido entrar a Gaza como periodista. ¿Qué significa para ti, a nivel profesional y ético, que se restrinja el acceso a un territorio donde ocurre una catástrofe humanitaria de esta magnitud?
“Durante más de veinte años no se me ha permitido ingresar a Gaza, y esa restricción no afecta solo a mí, sino también a numerosos periodistas y medios internacionales. A nivel profesional y ético, impedir el acceso a un territorio donde ocurre una catástrofe humanitaria significa limitar la posibilidad de documentar y comprender plenamente lo que vive la población.
En mi intento por acercarme a esa realidad, viajé a Siria, a los campos de refugiados palestinos, donde pude observar condiciones extremas: comunidades viviendo sin agua ni electricidad, en una oscuridad y precariedad profundas, en un entorno marcado por la destrucción y el abandono. Caminar por lugares como Yarmouk era lo más cercano que podía experimentar a la devastación que imagino en Gaza — una ciudad palestina prácticamente arrasada.
Esa experiencia fue una de las más espeluznantes de mi vida y reafirmó la convicción de que restringir el acceso a los periodistas no solo impide informar, sino también comprender la magnitud humana de lo que ocurre”.
- Desde tu experiencia cubriendo otros conflictos, ¿por qué crees que existe tanta resistencia a permitir el ingreso de periodistas independientes a Gaza?
“Hoy estoy junto a cientos de periodistas pidiendo que se nos permita ingresar a Gaza, aunque sabemos que la decisión final está en manos de Israel y que muchas veces se privilegia el acceso de grandes medios o de voces más cercanas al poder.
Desde mi perspectiva, la resistencia a permitir el ingreso de periodistas independientes tiene que ver con el intento de controlar el relato y limitar la visibilidad de los testimonios palestinos. Restringir el acceso es, en definitiva, una forma de ocultar realidades incómodas, aunque la verdad siempre termina saliendo a la luz, especialmente ante la presión internacional.
Esta lógica no es exclusiva de Gaza. He enfrentado limitaciones similares en lugares como el Congo o Sudán del Sur, y sabemos que el periodismo controlado o censurado existe también en distintos países del mundo.
Hoy el periodismo atraviesa uno de sus momentos más críticos, con crecientes presiones y restricciones. Sin embargo, en la era de las redes sociales y del periodismo ciudadano, cada vez resulta más difícil ocultar lo que ocurre y las violaciones a los derechos humanos terminan siendo documentadas”.
- Después de haber cubierto tantos escenarios de violencia, ¿qué responsabilidad crees que tiene hoy el periodismo frente a Palestina, cuando incluso el derecho a informar desde el territorio es negado?
“Hoy el periodismo enfrenta una profunda crisis de credibilidad, en un contexto marcado por la desinformación y el avance de tecnologías como la inteligencia artificial, que transforman la manera en que circulan las imágenes y los relatos. En ese escenario, el rol del periodista, del documentalista y del reportero en terreno se vuelve más necesario que nunca.
Frente a Palestina, la responsabilidad del periodismo es acercarse a la primera línea, mantener el contacto directo con las poblaciones afectadas y dar testimonio desde los lugares atravesados por la injusticia, la violencia y la falsedad. Palestina no es solo un territorio en conflicto, sino un símbolo que interpela a la conciencia histórica y moral de nuestro tiempo.
Por eso, luchar por un periodismo honesto, creíble e independiente desde el terreno —en un mundo donde muchas veces la información se produce desde oficinas o bajo intereses corporativos— se convierte en una misión fundamental del periodismo contemporáneo”.

