Jordi Castell Abusleme, fotógrafo, comunicador y descendiente de una familia palestina originaria de Belén y Beit Jala, reflexiona sobre el impacto que ha tenido el genocidio en Gaza, el lugar que ocupa Palestina en la conversación pública y el costo personal de sostener convicciones en tiempos de creciente polarización.
En conversación exclusiva con Revista Al Damir, cuestiona lo que define como un “silencio cómplice” frente al sufrimiento del pueblo palestino, advierte sobre el desconocimiento histórico que persiste en torno a su causa y reconoce que ha tomado distancia de personas que justifican o relativizan lo que ocurre. “No se trata de odio, sino de coherencia con mis principios”, afirma.
Por Valentina Belén Jerez Selman
1. En los últimos días hablaste públicamente de tu apellido Abusleme y de tus raíces palestinas. ¿Qué significado tiene hoy esa parte de tu identidad en tu vida personal y pública?
“Por suerte me crié junto a mi familia materna, por lo que desde muy pequeño tuve una profunda conciencia de lo que significaban nuestras raíces, nuestra cultura y nuestra historia. Siempre entendí la importancia de la identidad palestina dentro de mi familia y crecí rodeado de esos valores.
Además, fui parte de la revista Al Damir hace más de veinte años, por lo que mi vínculo con la comunidad palestina nunca ha sido algo circunstancial. Ha sido una presencia constante a lo largo de mi vida.
Hoy esa parte de mi identidad adquiere una mayor visibilidad debido al contexto que atraviesa Palestina. Sin embargo, para mí no es una novedad. Mi conexión con Palestina y con mi apellido Abusleme ha estado presente toda mi vida”.
2. ¿Cómo has vivido emocionalmente, desde Chile, el genocidio de los últimos años en Gaza y Palestina?
“Con mucha tristeza, impotencia y frustración.
Durante décadas hemos sido testigos del sufrimiento del pueblo palestino y de un proceso de despojo que ha marcado a generaciones completas.
Lo que más me preocupa es el silencio cómplice que ha existido frente al sufrimiento del pueblo palestino.
Como descendiente de palestinos, ver lo que ocurre en Gaza produce un dolor profundo. Es imposible permanecer indiferente cuando se trata de una tragedia que también forma parte de tu propia historia familiar”.
3. ¿Crees que el sufrimiento del pueblo palestino sigue teniendo poca presencia y empatía dentro de los medios de comunicación y de la conversación pública?
“Tengo la impresión de que Palestina recién ahora comienza a ocupar un espacio más visible dentro de la conversación internacional. Sin embargo, soy bastante escéptico respecto de cuánto de ese interés responde a una comprensión real de la historia palestina.
Yo crecí escuchando a mis abuelos hablar de Palestina. Para muchas familias palestinas esta historia no comenzó después de Gaza. Es una historia que lleva décadas y que ha acompañado a varias generaciones.
Para muchas personas Palestina comenzó con Gaza. Para nosotros, esta historia lleva toda una vida.
También creo que existe una responsabilidad compartida. Falta más compromiso, más unidad y una voluntad real de enfrentar estas injusticias”.
4. En tus declaraciones hablaste de diferencias de valores que te llevaron a tomar distancia de ciertas personas. ¿Cómo influyó el contexto de Gaza en esa decisión?
“Me resulta muy difícil compartir espacios con personas que justifican o relativizan lo que ocurre en Palestina.
Eso me ha llevado a tomar decisiones personales importantes. Hay personas de las que he tomado distancia porque siento que nuestras visiones sobre temas fundamentales son incompatibles.
No se trata de odio, sino de coherencia con mis principios. Intento vivir de acuerdo con mis valores y actuar en consecuencia con ellos”.
5. ¿Cuál ha sido el costo personal de sostener opiniones fuertes en un espacio tan expuesto como la televisión?
“La verdad es que me preocupan muy poco las repercusiones que puedan tener mis opiniones.
No trabajo para sentirme aprobado ni para obtener aceptación pública. Prefiero ser consecuente con mis valores y asumir las consecuencias de aquello que pienso.
Si algunas puertas se cierran por defender mis convicciones, es un costo que estoy dispuesto a asumir”.
6. Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría transmitir hoy a los descendientes de palestinos en Chile?
“No me considero una persona que venga a dar lecciones, pero sí creo que nuestra historia debería habernos unido mucho más.
No podemos olvidar nuestras raíces, nuestra identidad ni nuestra memoria. Todo lo que ha vivido el pueblo palestino debería servirnos para fortalecer nuestros vínculos y mantener viva una historia que merece ser contada y recordada.
Y como reflexión final, me encantaría estar vivo para ver el día en que a estos sinvergüenzas se les exijan responsabilidades por todo el daño que han causado”.

