Más de un siglo después de la llegada de los primeros inmigrantes palestinos a Chile, la comunidad palestino-chilena sigue siendo una de las diásporas más importantes y activas del mundo.
¿Qué explica que generaciones nacidas a miles de kilómetros de Palestina continúen sintiendo esa tierra como propia? ¿Cómo se transmite una identidad capaz de sobrevivir al tiempo, la distancia y las generaciones?
Para Juan Facuse Heresi, la respuesta comienza en el hogar. En las historias que escuchó de niño, en el árabe que hablaban sus padres, en los valores heredados de sus abuelos y en una memoria familiar que nunca permitió que Palestina se transformara en un recuerdo lejano.
Abogado, periodista deportivo, notario y recientemente distinguido como Vecino Ilustre de Macul, Facuse pertenece a una generación que creció entendiendo que ser palestino no dependía del lugar de nacimiento, sino de una historia, una identidad y un legado que debían ser preservados y transmitidos.
En conversación con Al Damir, reflexiona sobre la herencia de la inmigración palestina en Chile, la fortaleza de la diáspora palestino-chilena y el compromiso de las nuevas generaciones con la tierra de sus antepasados.
Por Valentina Belén Jerez Selman
Usted suele decir que Palestina siempre estuvo presente en su vida. ¿Cómo logra una familia transmitir el amor por una tierra que sus hijos nunca conocieron?
“Porque Palestina nunca fue algo lejano para nosotros. Mis padres dejaron su tierra, pero Palestina nunca dejó nuestro hogar.
Estaba presente en las conversaciones familiares, en el idioma que hablaban mis padres, en las comidas que preparaba mi madre y en las historias que escuchábamos desde niños. Crecimos sabiendo quiénes éramos, de dónde veníamos y por qué era importante conservar esa memoria.
Aunque nacimos en Chile, siempre supimos que Palestina era parte de nosotros”.

Usted pertenece a una generación de palestino-chilenos que nació lejos de Palestina, pero que sigue sintiendo como propio el dolor y las alegrías de ese pueblo. ¿Cómo se construye ese vínculo?
“Se construye a través de la familia, de los recuerdos y de las historias que se transmiten de generación en generación.
Desde pequeños escuchamos las experiencias de nuestros padres y abuelos. Conocimos sus sacrificios, las dificultades que enfrentaron al dejar su tierra y el profundo amor que mantuvieron por Palestina durante toda su vida.
Con el tiempo uno comprende que Palestina no es solamente un territorio. Es una historia compartida que pasa de padres a hijos y que termina formando parte de nuestra propia identidad”.
La comunidad palestina de Chile es reconocida como una de las más importantes fuera del mundo árabe. ¿Qué cree que permitió mantener viva esa identidad durante tantas generaciones?
“Creo que existe una combinación de factores.
Por una parte, el enorme esfuerzo que hicieron nuestros padres y abuelos por transmitirnos sus valores, sus tradiciones y el sentido de pertenencia a una historia común.
Pero también fueron fundamentales las instituciones que la propia comunidad construyó en Chile. Los clubes, las iglesias, los colegios, las organizaciones sociales y los espacios de encuentro ayudaron a que las nuevas generaciones crecieran conectadas con sus raíces.
Eso explica que, incluso después de varias generaciones, Palestina siga ocupando un lugar importante en la vida de tantos descendientes”.
¿Qué recuerdos conserva de la presencia de Palestina dentro de su hogar durante la infancia?
“Recuerdo escuchar árabe en mi casa, las comidas que preparaba mi madre y las reuniones familiares donde siempre aparecían recuerdos de Palestina.
Muchas veces escuchábamos historias sobre los pueblos de origen de nuestros padres y abuelos, sobre familiares que permanecían allá o sobre las dificultades que enfrentaron al llegar a Chile.
Cuando uno es niño quizás no dimensiona la importancia de esos relatos. Con los años entendí que fueron precisamente esas historias las que mantuvieron viva nuestra identidad”.
Sus padres dejaron Palestina para construir una nueva vida en Chile. ¿Qué legado le transmitieron?
“Mis padres me enseñaron que el trabajo, la honestidad y el servicio a los demás eran principios fundamentales.
Mi padre trabajó incansablemente para sacar adelante a nuestra familia y también ayudó a muchos inmigrantes palestinos que llegaban a Chile buscando nuevas oportunidades. Nunca olvidó su tierra y durante años colaboró con distintas iniciativas de ayuda a Palestina.
Ellos me enseñaron que el éxito personal pierde sentido si no está acompañado por el compromiso con los demás”.
¿Hay alguna enseñanza de sus padres que haya marcado especialmente su vida?
“Hay una historia que nunca he olvidado. Un hombre dejó una importante suma de dinero al cuidado de mi padre porque al día siguiente compraría una casa para sorprender a su familia. Esa misma noche falleció inesperadamente.
Nadie sabía que ese dinero existía. Mi padre podría haber guardado silencio, pero decidió asistir al funeral y entregar íntegramente el dinero a la viuda.
Ese episodio me acompañó toda la vida. Me enseñó que el valor de la palabra, la honestidad y la responsabilidad hacia los demás no se enseñan con discursos, sino con el ejemplo”.

Los valores heredados de sus padres también marcaron su vida profesional. Mirando hacia atrás, ¿qué momentos recuerda con mayor orgullo?
“Mientras estudiaba Derecho comencé a trabajar en el periodismo deportivo. Con apenas 17 años tuve el privilegio de que Julio Martínez fuera mi primer jefe. Más que un referente profesional, fue un maestro que me enseñó que la verdad y la objetividad siempre deben estar por encima de cualquier interés personal.
También recuerdo con especial orgullo haber impulsado el reconocimiento de los periodistas deportivos palestinos en organismos internacionales. Haber contribuido a ese logro sigue siendo una de las mayores satisfacciones de mi carrera.
Posteriormente asumí como notario en Macul, función que he ejercido durante más de tres décadas y que siempre he entendido como una forma de servicio público”.
Como periodista, ¿cómo observa el tratamiento que han dado los medios de comunicación al genocidio en Palestina? ¿Cree que existe un silencio o una cobertura insuficiente frente a lo que está ocurriendo?
“Me parece que cualquier cobertura sería insuficiente frente a tanta injusticia, no solo en Palestina, sino también en otras partes del mundo.
El rol del periodismo, que es informar, resulta vital para que las personas conozcan lo que está sucediendo, tomen conciencia y se generen cambios. Mostrar la realidad permite que los países, los organismos internacionales y también los ciudadanos actúen frente a situaciones que afectan profundamente la dignidad humana”.
Este año fue distinguido como Vecino Ilustre de la comuna de Macul. ¿Qué significado tuvo para usted recibir este reconocimiento?
“Lo recibí con emoción y humildad.
Más que un reconocimiento personal, lo siento como una valoración a una forma de entender la vida basada en el servicio y el compromiso con la comunidad.
Hay algo que me emociona especialmente: la palabra vecino. Un vecino es alguien que vive junto a otros y ayuda a construir comunidad. Ese concepto representa profundamente los valores con los que fui formado”.
¿Cómo vive hoy, como palestino-chileno, el momento que atraviesa Palestina?
“Con preocupación, tristeza y también con un profundo sentido de responsabilidad.
Ninguna persona de origen palestino puede permanecer indiferente frente al sufrimiento que vive nuestro pueblo. Cada noticia que llega desde Palestina nos recuerda que detrás de las cifras existen familias, niños, madres y padres que enfrentan situaciones extremadamente difíciles.
Al mismo tiempo, sigo admirando la fortaleza y la resiliencia del pueblo palestino. A pesar de todas las adversidades, continúa defendiendo su identidad, su historia y su derecho a vivir con dignidad en su propia tierra”.
Cientos de periodistas palestinos han sido asesinados mientras cubrían los acontecimientos en Gaza. Como periodista, ¿qué le provoca ver que informar pueda significar arriesgar la vida y qué responsabilidad cree que tienen hoy los medios de comunicación y la comunidad internacional ante estos hechos?
“Significa, simple y llanamente, que estamos asistiendo a una profunda crisis de los principios que deberían regir la convivencia internacional.
Incluso las guerras han tenido reglas a lo largo de la historia de nuestra civilización. Que periodistas sean asesinados por documentar los hechos y dar a conocer la verdad constituye una aberración que no debería ser tolerada por ninguna sociedad.
Y el problema no es únicamente de los medios de comunicación. Es una responsabilidad que involucra al mundo entero y a la forma en que hoy se están enfrentando asuntos extremadamente delicados. Estamos viviendo una crisis humanitaria sin precedentes”.
¿Qué rol cree que están jugando las nuevas generaciones en la preservación de la identidad palestina y en la proyección de la causa hacia el futuro?
“Los jóvenes tienen una enorme capacidad para movilizarse frente a las injusticias y generar cambios positivos. Me alegra ver que muchos descendientes de palestinos mantienen vivo su interés por la historia de nuestro pueblo y continúan comprometidos con Palestina.
La identidad no se conserva únicamente recordando el pasado. También se fortalece a través de las acciones que realizamos en el presente”.

Después de toda una vida ligada a la comunidad palestina, ¿qué le gustaría que las futuras generaciones nunca olvidaran?
“Que nunca olviden el sacrificio de quienes dejaron Palestina para construir una nueva vida en Chile.
Gracias a ellos hoy tenemos familias, instituciones, organizaciones y una comunidad que ha logrado mantener vivas sus raíces generación tras generación.
La memoria es una responsabilidad. Cada generación tiene el deber de transmitir la historia que recibió a quienes vienen después. Mientras sigamos contando esas historias, Palestina seguirá viva entre nosotros.
Y espero que los jóvenes que vienen después de nosotros alcancen a ver una Palestina libre, viviendo en paz y con la dignidad que su pueblo merece”.

