Bárbara Abuauad encontró una marca prácticamente desconocida durante una feria en Miami. Meses después, el Mundial de 2026 y el look de Erling Haaland transformaron ese producto en un fenómeno de ventas en Chile.
En conversación con Al-Damir, habla sobre intuición, perseverancia, sus raíces palestinas y el orgullo de pertenecer a una comunidad que ha hecho del emprendimiento parte de su historia.
Por: Matías Deppe Aceña
Hasta hace unos meses, pocas personas en Chile habían oído hablar de KKNEKKI, una marca noruega de accesorios para el cabello. Hoy, sus colets se han convertido en uno de los productos más buscados del país, impulsados por la imagen de Erling Haaland, quien los luce dentro y fuera de la cancha.
Pero detrás de ese fenómeno no hubo una gran campaña de marketing ni una estrategia diseñada para aprovechar el Mundial. Hubo una decisión tomada varios meses antes, cuando Bárbara Abuauad, ingeniera comercial y emprendedora chileno-palestina, apostó por un producto que prácticamente nadie conocía en Chile.
Tras dejar el mundo del retail después de la pandemia, comenzó a recorrer ferias internacionales en busca de marcas innovadoras. Fue en una de ellas, en Miami, donde descubrió KKNEKKI. Lo que parecía una apuesta más terminó convirtiéndose, inesperadamente, en uno de los emprendimientos más exitosos del Mundial de 2026.
Sin embargo, para Abuauad esta historia va mucho más allá de un accesorio viral. También habla de intuición, perseverancia y del legado de miles de familias palestinas que llegaron a Chile hace más de un siglo y encontraron en el comercio y el emprendimiento una forma de construir un nuevo futuro.
“Nos enamoramos del producto mucho antes de que fuera viral”
1. Todos conocen la historia de los “colets de Haaland”, pero muy pocos saben que el éxito comenzó meses antes del Mundial, cuando decidiste apostar por una marca prácticamente desconocida en Chile. ¿Qué viste en KKNEKKI que te hizo confiar en ella cuando nadie más hablaba de esos productos?
“Nosotros siempre estamos buscando marcas que todavía no estén presentes en Chile y que aporten algo distinto a las mujeres, ya sea por su calidad, su diseño o su propuesta. Siempre me ha gustado mucho la moda y los accesorios. Trabajé varios años en el retail y, después de la pandemia, decidí emprender.
Cuando conocimos KKNEKKI nos llamó la atención porque no era solo un colet. Había colores, texturas, brillos y diseños que transformaban un accesorio cotidiano en parte de un look. Nos dieron muestras, empezamos a usarlos y terminamos enamorándonos del producto. Ahí pensamos: ‘Traigámoslo y probemos’. Todo comenzó así”.
“Más que intuición, soy la primera cliente”
2. Tu historia demuestra que muchas veces el éxito no depende de inventar algo nuevo, sino de descubrir una oportunidad antes que los demás. ¿Cómo desarrollaste ese “olfato” para identificar productos con potencial?
“Más que olfato, creo que soy usuaria. Me encantan los accesorios, la belleza y todo ese mundo. Antes de vender cualquier producto, lo usamos nosotros mismos. Eso nos permite conocer su calidad y entender si realmente vale la pena traerlo.
En ese sentido somos emprendedoras, pero también clientes. Creo que esa ha sido la mejor forma de descubrir productos con potencial”.
El Mundial que cambió todo
Lo que parecía un emprendimiento de nicho dio un giro inesperado cuando Erling Haaland comenzó a disputar el Mundial utilizando los colets de la marca. Las búsquedas explotaron y también los pedidos.
3. Durante el Mundial viviste una explosión de ventas completamente inesperada. ¿Qué fue lo más desafiante de pasar de un emprendimiento pequeño a una demanda que superó todas las expectativas?
“Fue tremendo. Durante prácticamente ocho días me acosté cerca de la una de la mañana respondiendo mensajes y tratando de atender a todos. Se vendió absolutamente todo, pero mi mayor preocupación era cumplir con cada entrega como correspondía. No estábamos preparados para una demanda así: no teníamos página web, era un emprendimiento muy pequeño y todo funcionaba de manera muy personalizada; las personas agendaban una hora, venían, se probaban los productos y las atendíamos una a una. De un momento a otro, todo cambió. Logramos crear una página web en tiempo récord y, en apenas una hora, se agotó todo el stock que quedaba. Desde entonces he estado dedicada a preparar los pedidos. Mis amigos, vecinos y mi familia se sumaron para ayudarme; todos terminaron haciendo algo. Fue un desafío enorme, pero siento que en una semana aprendí lo que probablemente habría aprendido en un año. Y eso me tiene muy contenta”.
Un apellido que también cuenta una historia
El éxito de Bárbara también tiene raíces. Su apellido, Abuauad, forma parte de las miles de familias palestinas que llegaron a Chile entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, convirtiéndose con el tiempo en una de las comunidades inmigrantes más influyentes del país.
4. Tu apellido forma parte de esa historia. ¿Sientes que tu camino como emprendedora también es una continuación de ese legado?
“Me siento profundamente orgullosa de mis raíces y de mi sangre palestina. Mi apellido es palestino y mi segundo apellido es sirio.
Cuando uno escucha las historias de nuestros antepasados, que llegaron a un país donde no conocían el idioma, sin mayores contactos y lograron construir una vida desde cero, no puede sentir otra cosa que orgullo.
Ellos creyeron en Chile, trabajaron incansablemente y aportaron enormemente al crecimiento del país. Me siento muy orgullosa de formar parte de esa historia”.
En la prensa internacional, Palestina suele ocupar titulares relacionados con el genocidio, pero Bárbara cree que también es necesario mostrar otras historias, pero nunca invisibilizar lo que está ocurriedo.
5. ¿Qué te gustaría que las personas conocieran sobre la comunidad palestina en Chile?
“Es muy triste todo lo que ocurre en Palestina. Pero también sería muy bonito que se hablara de nosotros desde otros lugares.
Hay muchísimos palestinos que aportan al país desde el emprendimiento, la cultura, el deporte, la ciencia y muchas otras áreas. Necesitamos visibilizar mucho más ese aporte para que Palestina no sea asociada únicamente al conflicto”.
El éxito mientras Gaza duele
Mientras su emprendimiento vivía el mejor momento desde que comenzó, las noticias provenientes de Gaza seguían mostrando destrucción y muerte. Una realidad imposible de ignorar.
6. ¿Cómo se convive con esa dualidad?
“Siempre me ha sorprendido cómo, como seres humanos, hemos terminado normalizando tanto dolor. Todos los días vemos guerras, muertes y violaciones a los derechos humanos y pareciera que ya no nos conmueve como antes.
Me afecta profundamente. Desde acá tratamos de ayudar como podemos, generar comunidad, apoyar y visibilizar lo que ocurre. Esa dualidad entre vivir un momento bonito profesionalmente mientras Palestina sufre tanto es muy difícil”.
La perseverancia siempre premia
7. ¿Qué consejo le darías a un joven palestino-chileno que sueña con emprender?
“No me siento con la autoridad para dar consejos porque, en parte, esto también tuvo una cuota de suerte. Pero sí creo que hay algo que siempre termina dando resultados: la perseverancia y la constancia.
Para mí, ese es el mayor don que una persona puede tener, no solo para emprender, sino para cualquier aspecto de la vida. Al final, la perseverancia siempre premia”.
Más que un emprendimiento
La historia de Bárbara Abuauad demuestra que las grandes oportunidades muchas veces aparecen cuando nadie más las ve. Un viaje, una feria internacional y la decisión de confiar en un producto desconocido fueron suficientes para cambiar el rumbo de un emprendimiento que, meses después, terminaría conquistando el mercado chileno gracias al fenómeno Haaland.
Pero detrás del éxito comercial hay una historia mucho más profunda. La de una mujer orgullosa de sus raíces palestinas, heredera de una comunidad que encontró en el trabajo, el comercio y la perseverancia la manera de reconstruir su vida lejos de su tierra.
Porque, al igual que los miles de inmigrantes palestinos que llegaron a Chile hace más de un siglo, Bárbara también entendió que los sueños no se construyen únicamente con buenas ideas. Se construyen con trabajo, convicción y la decisión de no rendirse cuando aún nadie más ve lo que uno es capaz de imaginar.


