- El profesor asociado del Centro de Estudios Árabes Eugenio Chahuán de la Universidad de Chile y primer director de Revista Al Damir, reflexiona sobre el lanzamiento de Nos rehusamos a ser borrados y Víctimas perfectas y la política del encanto, dos obras que ponen la voz palestina en el centro del debate y reivindican la escritura como una forma de resistencia frente al genocidio y el memoricidio.
Con una extensa trayectoria académica y un profundo compromiso con las instituciones palestinas en Chile, Ricardo Marzuca se ha consolidado como una de las voces más reconocidas en el estudio de Palestina desde el mundo universitario.
Profesor asociado del Centro de Estudios Árabes Eugenio Chahuán de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, ha dedicado gran parte de su carrera a investigar la historia, la memoria y el pensamiento palestino. Paralelamente, ha mantenido una activa participación en la Comunidad Palestina de Chile y fue el primer director de Revista Al Damir, donde impulsó una mirada periodística y cultural sobre Palestina hace más de dos décadas.
Este jueves 2 de julio, a las 19:30 horas, participará en el conversatorio «Palestina: narrar para existir», organizado por LOM Ediciones en el Bar Liguria Lastarria (Merced 298, Santiago).
La actividad marcará el lanzamiento de dos libros que buscan devolver la palabra a los propios palestinos: Víctimas perfectas y la política del encanto, del periodista palestino Mohamed El-Kurd, y Nos rehusamos a ser borrados, una antología editada por Zahid Pranjol y Jacob Norris, que reúne ensayos y poemas escritos por jóvenes universitarios de Gaza en medio del genocidio.
Junto a Alejandra Bottinelli y Ana Harcha, ambas académicas de la Universidad de Chile, Marzuca será uno de los encargados de presentar las obras en un encuentro que invita a reflexionar sobre la escritura como una herramienta de memoria, dignidad y resistencia.
En conversación con Al Damir, el académico analiza el significado de este lanzamiento, el momento que vive la producción intelectual palestina y el papel que desempeñan los libros en la defensa de la memoria colectiva.
1. Este jueves 2 de julio se lanzarán los libros Nos rehusamos a ser borrados y Víctimas perfectas y la política del encanto. ¿Qué encontrará el público que asista a esta actividad y por qué considera que es un lanzamiento que nadie interesado en Palestina debería perderse?
«Yo creo que el público que asista se va a encontrar con una crítica, una impugnación radical al monopolio discursivo con que se ha abordado el tema de Palestina, fundamentalmente por los medios. No es un evento meramente literario ni de complacencia estética. Viniendo de quien vienen estas obras —jóvenes universitarios palestinos de Gaza que viven diariamente entre la vida y la muerte, y un periodista palestino que realiza una profunda crítica a los discursos occidentales y a lo que se pretende imponer al pueblo palestino— estamos frente a algo mucho más profundo.
Más que un evento literario, creo que es un acto de solidaridad política, de restitución de la soberanía de la palabra y de prestar atención a esa voz que emerge desde los propios palestinos. Quienes asistan se encontrarán con dos textos que no responden a la narrativa de la lástima condescendiente con la que muchas veces las sociedades occidentales, o sus poderes dominantes, intentan empaquetar la tragedia palestina. Estamos frente a una demostración viva de producción intelectual, de pensamiento crítico y de una dignidad inquebrantable que emerge desde el epicentro del dolor y de la resistencia.
Son dos obras que ningún interesado en Palestina debería perderse. La primera representa la encarnación del duelo, la porfía de la juventud de Gaza y el acto de resistencia del sumud. La segunda entrega herramientas teóricas para desmontar la trampa mortal que las potencias occidentales imponen a los pueblos oprimidos y, en este caso, al pueblo palestino”.
2. El conversatorio lleva por título Narrar para existir. ¿Qué significa esa frase en un momento en que muchos hablan de un intento por borrar la historia, la memoria y la identidad del pueblo palestino?
«En el contexto de un genocidio, la escritura deja de ser solamente un ejercicio creativo o de entretenimiento para convertirse en una praxis de la existencia. Cuando la potencia ocupante destruye universidades, archivos históricos, museos, bibliotecas y escuelas, el objetivo final no es únicamente eliminar físicamente a los palestinos, sino erradicar el relato de la identidad de ese pueblo. Es lo que podríamos llamar la política del borrado o, como también la hemos denominado, el memoricidio.
Narrar para existir es un acto de soberanía epistémica, un acto de soberanía de la palabra y del conocimiento que emerge desde sus propios protagonistas. Mientras el colonizador intenta decretar la inexistencia de los palestinos mediante la deshumanización y la animalización, escribir un poema, un ensayo o una crónica se transforma en un verdadero documento de resistencia.
La narración palestina constituye la prueba irrefutable de su presencia y de su persistencia histórica. Es decirle tanto al presente como al futuro: estuvimos aquí, estamos aquí, pensamos el mundo desde aquí, amamos desde aquí y ninguna maquinaria militar puede confiscar nuestra memoria”.
3. En los últimos meses han aparecido numerosos libros sobre Palestina escritos desde el periodismo, la academia e incluso desde la propia Gaza. ¿Estamos viviendo un nuevo momento de la memoria escrita palestina? ¿Qué explica este fenómeno editorial?
«Creo que efectivamente estamos viviendo un nuevo momento de la memoria escrita palestina, impulsado por la urgencia histórica que atraviesa el pueblo palestino. La Nakba iniciada en 1948 ha quedado claramente establecida como un proceso permanente y hoy estamos frente a la solución final que se pretende imponer al pueblo palestino, frente al genocidio en Gaza y la limpieza étnica que también se desarrolla en Cisjordania y Jerusalén Este. Todo ello ha generado un giro histórico en la literatura de la resistencia palestina.
Este fenómeno editorial responde también a la necesidad imperiosa de romper el cerco mediático global y la invisibilización de lo que ocurre en Palestina.
Históricamente, el relato sobre Palestina ha estado mediado por corresponsales extranjeros y por agencias hegemónicas occidentales, lo que muchas veces termina suavizando y despolitizando la realidad de la ocupación que ha vivido el pueblo palestino durante décadas.
Hoy existe una necesidad urgente de que el propio pueblo palestino tome las riendas de su representación, sin intermediarios. La academia, el periodismo independiente y la propia población civil de Gaza han comprendido que la batalla también se libra en el terreno del conocimiento, de las palabras y de los conceptos. Hoy es la propia Palestina la que teoriza, la que narra y la que lucha por instalar sus propios términos en el debate global”.
4. Uno de los libros reúne ensayos y poemas escritos por jóvenes universitarios de Gaza en medio del genocidio. ¿Qué tiene de distinto leer una historia contada por quienes la están viviendo y no por quienes la observan desde afuera?
«Existe una diferencia radical entre quien cuenta una historia desde la experiencia directa y quien la observa desde fuera. Quien escribe desde Gaza nos confronta con la verdad descarnada de lo que está viviendo. En cambio, muchas veces quienes escriben sobre Gaza lo hacen desde la estadística, el análisis geopolítico o una empatía que, aunque bien intencionada, corre el riesgo de terminar normalizando lo que ocurre.
Leer a los estudiantes de Nos rehusamos a ser borrados nos sitúa en la vibración misma del trauma, del miedo nocturno, pero también de la esperanza y del sumud, esa palabra árabe que reúne las ideas de resistencia, resiliencia, esperanza y lucha.
Estamos hablando de jóvenes que escriben desde las ruinas de sus propias aulas. Aquí no hay abstracción académica; hay honestidad brutal, desgarro, pérdida de seres queridos, destrucción de universidades y de proyectos de vida. Sin embargo, frente a todo ello también emerge una voluntad implacable de seguir adelante, y eso es precisamente lo que hace tan valiosa esta obra”.
5. Usted menciona el concepto de «memoricidio», es decir, el intento de borrar la memoria de un pueblo. Frente a eso, ¿qué rol pueden desempeñar los libros y la cultura como formas de resistencia?
«El memoricidio es un concepto trabajado desde hace décadas por historiadores palestinos como Nur Masalha. Podemos entenderlo como una estrategia colonial deliberada destinada a borrar la existencia política, social, cultural, intelectual e histórica del pueblo palestino. El objetivo es que las nuevas generaciones olviden quiénes eran sus abuelos, cuál era la historia de sus familias y cuál era su relación con la tierra, de modo que la ocupación termine apareciendo como algo permanente e irreversible.
En ese contexto, los libros y toda la producción cultural cumplen un rol fundamental. Son artefactos profundamente peligrosos para el ocupante colonial porque resguardan aquello que las bombas no pueden destruir. La cultura palestina está viva; su literatura, su poesía, su bordado y su cocina constituyen una declaración cotidiana de permanencia y resistencia.
Cada libro editado y distribuido representa un rescate, un testimonio y un embajador de la memoria colectiva del pueblo palestino, capaz de burlar cualquier bloqueo militar y de mantener viva una historia que otros intentan borrar”.
6. Además de ser académico, usted fue el primer director de Revista Al Damir hace ya más de dos décadas. ¿Cómo ha cambiado la manera en que Chile habla, escribe e investiga sobre Palestina?
«Desde la comunidad palestina hemos transitado desde una narrativa predominantemente identitaria y nostálgica hacia una discusión mucho más política y centrada en los derechos humanos, impulsada por la urgencia del genocidio que vive Gaza. Cuando fundamos Al Damir, a comienzos de los años 2000, el esfuerzo estaba orientado principalmente a rescatar las raíces de la comunidad palestina en Chile, la historia de la inmigración, la identidad y el vínculo cultural con Palestina.
Ese trabajo sigue siendo importante y continúa presente con mucha fuerza. Sin embargo, hoy el escenario es radicalmente distinto. La mirada sobre Palestina se ha sofisticado y profundizado; existe una producción académica e investigativa mucho más densa y ya no se habla solamente del conflicto de Medio Oriente como una disputa religiosa o un problema lejano.
La academia y el debate público chileno utilizan hoy categorías mucho más precisas, como colonialismo de asentamiento, apartheid, limpieza étnica y genocidio. La solidaridad chilena también se ha descolonizado. Hemos pasado de una nostalgia cultural a un compromiso político activo con la justicia internacional, y eso se refleja tanto en la movilización de la sociedad civil chilena como en lo que ocurre en distintas partes del mundo”.
7. ¿Qué le gustaría que cambiara en quienes asistan al conversatorio este jueves? ¿Con qué reflexión espera que salgan después de escuchar estas historias?
«Me gustaría que las personas salieran cuestionando el marco moral con que hoy consumimos las noticias sobre Palestina. Que existiera una reflexión crítica sobre la invisibilización del genocidio en Gaza y de la limpieza étnica que también ocurre en Cisjordania. Siguiendo la tesis de Mohamed Al-Kurd, no podemos seguir exigiendo que los palestinos sean víctimas perfectas, sumisas o encantadoras para merecer solidaridad.
No basta con conmoverse frente a la muerte de miles de niños y civiles. También es necesario comprender la legitimidad de la rabia y de las respuestas políticas de quienes viven bajo la opresión. Espero que quienes asistan dejen de ver a Palestina como una tragedia humanitaria sin culpables o como un caso perdido de la historia, y comiencen a comprender que lo que allí ocurre forma parte de una resistencia anticolonial contemporánea.
En última instancia, lo que está en juego es la dignidad de toda la humanidad. Estamos presenciando un genocidio en tiempo real y debe ser abordado con toda la urgencia ética y política que una realidad de esta magnitud exige”.
En tiempos en que la destrucción de Palestina no solo se libra sobre el territorio, sino también sobre la memoria, el lenguaje y el relato, el lanzamiento de Nos rehusamos a ser borrados y Víctimas perfectas y la política del encanto propone un ejercicio de resistencia intelectual.
Más que la presentación de dos libros, «Palestina: narrar para existir» busca abrir un espacio para escuchar a quienes escriben desde el corazón mismo de la experiencia palestina y recordar que, frente al intento de borrar la historia de un pueblo, cada página escrita también constituye un acto de permanencia.

