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Lina Meruane en Feria Internacional del Libro de Santiago

lina meruane

La escritora chilena, que el pasado jueves dio el discurso inaugural de la Feria Internacional del Libro de Santiago, presentará el libro “Volverse palestina”, una crónica de su viaje a Israel a buscar los orígenes de su familia en zonas ocupadas, que también es su forma de intervenir políticamente en el conflicto entre israelíes y palestinos. La cita es el sábado 1º de noviembre, a las 20.00 horas, en Lado B de Estación Mapocho.

Llegan a Hebrón en un bus de pasajeros blindado. Son «nueve pseudo turistas» que están ahí para conocer cómo es exactamente un territorio palestino ocupado por Israel. Divisan soldados y tanques, mercados clausurados, calles cerradas y rutas clandestinas de los locales que se encaraman por tejados y cruzan cementerios. Los 500 israelíes que habitan ahí, los colonos, son los dueños de una ciudad fantasma en la que viven a puertas cerradas 250 mil palestinos. «Árabes a las cámaras de gas», leen en un grafiti hecho por un judío. Todos quedan perplejos, también la escritora chilena Lina Meruane.

Mientras recorren Hebrón, en Cisjordania, en la Franja de Gaza caen las bombas de Israel. Corre el 2012 y Meruane (Santiago, 1970), visita por primera vez en su vida la tierra de origen de su familia palestina. Una tierra que ya no les pertenece y donde, sin embargo, continúa en pie la casa de su abuelo. Se encontrará con unas tías lejanas en Beit Jala, las últimas que siguen allá de sus diseminados antepasados, e intentará sin suerte dilucidar la historia de su apellido, pero no se trata solamente de un viaje para rastrear huellas del pasado. A Meruane le interesa el presente de un pueblo en crisis que también es el suyo.

La crónica de ese viaje fue publicada el año pasado por Literal Publishing y Conaculta, en Estados Unidos y México, respectivamente, y ahora aparece en Chile en el libro Volverse palestina (Literatura Random House). Ahí también aparece «Volvernos otros», una vertiginosa exploración por el historial de reflexiones intelectuales sobre a los efectos de la instalación, en 1948, del Estado de Israel. Meruane rastrea todas las versiones, pero no tiene duda en hablar de Gaza como «la cárcel al aire libre más grande del mundo» y llamar a los palestinos que viven ahí como «prisioneros». En el centro del relato late una idea siempre controvertida: que el pueblo judío ha sometido al palestino a un asedio tan duro como el que sufrieron ellos en Europa.

«Esa es la gran paradoja de Israel», dice Meruane. «Una comunidad de refugiados, una comunidad de expatriados, una comunidad de gente muy abusada por Europa históricamente, se instala en un lugar que se inventa lingüísticamente como si fuera un lugar vacío. Pero no lo era, había una gran comunidad palestina que llevaba siglos. Entonces, genera otra vez una nueva comunidad de expatriados. La comunidad judía tuvo apoyo internacional, leyes, pero que no pusieron límites a ese proyecto y se importó un problema nuevo», agrega.

Autora de novelas como Fruta podrida (2007) y Sangre en el ojo (2012), ambas definitivas en su reconocimiento en Latinoamérica, Meruane vive hace una década en Estados Unidos. Allá hace clases en la Universidad de Nueva York y codirige el sello Brutas Editoras. Justo en el momento en que Editorial Cuneta está reeditando su libro Cercada (2000), la escritora está en Chile para lanzar Volverse palestina en la Feria del Libro de Santiago, el 1 de noviembre. Fue ella también quien el jueves dio el discurso inaugural del evento. Los tiempos que corren, dijo, «no piden, sino exigen autores comprometidos, un activismo de la letra».

No es primera vez que Meruane tiene una mirada política sobre la realidad, pero en Volverse palestina se hace evidente. No regresó a las tierras de sus antepasados para traer historias de la familia. «En este libro hay un hacerse cargo de lo palestino también desde un lugar político. El pasado no se está reviviendo desde la nostalgia, desde el relato familiar. A pesar de que está dando vuelta ahí, creo que no es un relato sentimental sobre el origen, sino que es más bien la vinculación con el presente de lo palestino y es lo que realmente me vincula. La situación de la atrocidad es la que a mí me genera una conciencia de lo palestino», dice.

Dos veces el padre de Lina Meruane miró desde lejos, de la frontera de Israel, la zona palestina de donde vino a Chile. No quiso entrar. «No iba a exponerse a ser tratado con sospecha. A ser llamado extranjero en una tierra que considera suya», cuenta en el libro la autora, donde también recuerda que la situación de Palestina jamás fue un tema en su casa. Por extensión, tampoco lo fue para ella. Solo en 2001 empezó a serlo: recién llegada a Nueva York, la paranoia americana contra los árabes se desató tras el atentado a las Torres Gemelas. Sintió que las miradas en la calle también caían sobre ella. «Uno no piensa en su identidad hasta que esa identidad es un problema», dice.

-¿En qué momento del viaje apareció en ti la identidad palestina?

-Me sentí muy palestina cuando llegué a Israel. Incluso antes de llegar, al enfrentarme a la policía de seguridad israelí en el aeropuerto. Yo no solamente era chilena, aunque portara un pasaporte chileno. Les di una clave, por supuesto, el apellido, chilena, comunidad palestina, etc. Pero yo me sentí inmediatamente identificada como palestina y eso implicaba ser identificada inmediatamente como sospechosa, como alguien que está regresando y como ya se sabe, los palestinos no tienen derecho a regresar a lo que fueron sus tierras. Eso me dio la experiencia de la palestinidad. La mirada del otro israelí me hizo sentirme más palestina que nunca. Y de ahí en adelante yo me vi cargada de lo palestino como un estigma.

-¿En el viaje que haces a Hebrón no sentiste en algún momento que estabas haciendo turismo?

-Siempre que uno está en un lugar extranjero entra como turista, en el sentido de que uno viene a mirar. Pero yo nunca entré mirando lo exótico, realmente tenía un interés muy grande por el lugar al que iba, más allá de sacar unas cuatro fotos y de llevármelas para contar una anécdota. Para mí se convirtió rápidamente en una especie de responsabilidad por entender mejor qué era lo que estaba pasando ahí. Y por eso terminé escribiendo un libro. No bastaba con ir y mirar. Eso habría sido la actitud turística. Realmente me comprometí y me puse a estudiar para estar segura de lo que estaba diciendo.

-Una tía en Beit Jala te dijo que tu apellido en realidad no era Meruane.

-Meruane es un tema insondable, no pude cerrar esa investigación. No tengo problemas con el nombre, cualquier nombre y cualquier relato de la identidad son formas de la ficción, son relatos. Uno acepta ese nombre y lo hace suyo más allá de que sea verdadero. No es dilucidar exactamente el nombre y su origen lo que me importa, sino comprender que así son las identidades, que así son las historias de las familias, que en realidad no son la realidad de la historia, sino que son un devenir en que las cosas van cambiando y que ahí hay una forma de escritura de la ficción.

-¿Crees que el proceso de este libro te convirtió en una activista política?

-Siempre me ha interesado lo político, pero desde el lugar de la escritura. No me considero una vocera de la comunidad palestina. Creo que hago activismo desde la letra.

Fuente: El Mercurio.com

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