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«Pensé que sería algo pasajero. Nunca imaginé que sus consecuencias durarían décadas”

A 58 años de la Naksa, también conocida como la Guerra de los Seis Días, el empresario chileno de origen palestino, Chafik Alamo, recuerda cómo un viaje a la tierra donde nació su padre terminó coincidiendo con uno de los episodios más decisivos de la historia palestina contemporánea. Un testimonio marcado por el miedo, la memoria y las huellas de una guerra cuyas consecuencias siguen presentes hasta hoy.

Por Valentina Jerez Selman


Cuando se cumplen 58 años de la Naksa, Chafik Alamo,  de 86 años, quién vive en Chile junto a su familia, recuerda aquellos días como si hubieran ocurrido ayer.

Tenía poco más de veinte años cuando viajó a Palestina junto a su esposa, Sonia Anich. Lo que debía ser una luna de miel y un reencuentro con las raíces de su familia terminó convirtiéndose en una experiencia que lo marcaría para siempre.

Su padre, Salvador Alamo, había nacido en Beit Jala y emigrado a Chile siendo joven. Años después, Chafik emprendió el viaje que había soñado durante mucho tiempo: reencontrarse con familiares que permanecían en Palestina y conocer la tierra que tantas veces había escuchado nombrar en su hogar, marcada por las historias, recuerdos y raíces de su familia.


La historia de los Alamo estaba profundamente ligada a esa tierra. En Santiago, Salvador Alamo y sus hijos levantaron una fábrica de confecciones en Patronato que, con el tiempo, se convirtió en el sustento de varias generaciones de la familia. Décadas después, ese legado continúa vigente en manos de Chafik y de su hermano Nassim.

Sin embargo, aquel viaje que buscaba acercarlo a sus raíces terminaría coincidiendo con uno de los episodios más decisivos de la historia palestina contemporánea. En junio de 1967 estalló la guerra que daría origen a la Naksa —palabra árabe que significa «retroceso» o «revés»—, tras la cual Israel ocupó Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, Los Altos del Golán sirios y el Monte Sinaí de Egipto . El conflicto provocó el desplazamiento de cientos de miles de palestinos, muchos de ellos refugiados por segunda vez desde 1948, y marcó el inicio de una ocupación cuyas consecuencias continúan definiendo la vida del pueblo palestino hasta nuestros días.



“Pensé que sería algo pasajero. Nunca imaginé que sus consecuencias durarían décadas”.

Chafik y Sonia se alojaban en Beit Jala junto a familiares cuando comenzaron a llegar noticias inquietantes desde las ciudades cercanas. Las fuerzas israelíes habían entrado a Belén, ubicada a pocos kilómetros de distancia, y la incertidumbre comenzó a extenderse entre los habitantes de la zona.

“Había mucho temor. No sabíamos qué podía pasar cuando llegaran las tropas”.

Aunque Beit Jala no fue escenario de enfrentamientos directos, la guerra se sentía cada vez más cerca. Los bombardeos en localidades vecinas obligaron a las familias a buscar refugio donde fuera posible.

Una de las imágenes que permanece más viva en la memoria de Chafik es la de aquellas noches en que él y Sonia, embarazada de su primer hijo, tuvieron que refugiarse en un establo. Allí, tras desocupar el espacio donde vivía un burro, encontraron refugio mientras los bombardeos se escuchaban.

«Mientras escuchábamos los bombardeos cada vez más cerca, nos refugiamos durante tres noches en un establo»

Décadas después, todavía recuerda aquella escena con absoluta claridad. Recuerda la preocupación constante, la incertidumbre y el temor de no saber qué ocurriría al día siguiente.

“Tuve miedo por mi esposa y por el hijo que venía en camino. Queríamos irnos, pero estábamos atrapados. No sabíamos qué podía pasar al día siguiente”.

Lo que debía ser una luna de miel se transformó repentinamente en una experiencia marcada por la incertidumbre.

Con el fin de la guerra llegó una nueva realidad para los palestinos. Los controles militares comenzaron a formar parte de la vida cotidiana y desplazarse entre pueblos y ciudades dejó de ser algo simple.

“Después empezaron a instalar controles. Para ir de una aldea a otra había que pedir autorización”.

Salir de Palestina tampoco fue sencillo. Durante días, Chafik debió realizar distintos trámites y desplazamientos para conseguir los permisos que le permitieran regresar a Chile junto a su esposa.

“Todo quedó bajo control de las autoridades israelíes. La vida ya no volvió a ser igual”.

Al mirar hacia atrás, asegura que lo más impactante no fue únicamente lo vivido durante aquellas semanas, sino comprobar cómo las consecuencias de la Naksa de 1967 continúan marcando la vida de generaciones de palestinos.

Para Chafik, Palestina no es un relato lejano. Es la historia de su padre, de su familia y de una memoria que ha logrado atravesar océanos y generaciones.

A sus 86 años, considera que transmitir esos recuerdos es una responsabilidad.

Esta entrevista fue realizada en el marco de la conmemoración de los 58 años de la Naksa, conflicto que transformó profundamente la realidad de Palestina y cuyas consecuencias continúan marcando la vida de millones de palestinos hasta nuestros días.

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