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¿Por qué a los árabes que llegaron a Chile les decían “turcos”?

A fines del siglo XIX comenzó una importante corriente de inmigración árabe hacia Chile. Quienes emprendieron aquel largo viaje provenían principalmente de Palestina, Siria y Líbano, con identidades, culturas y comunidades propias. Sin embargo, al llegar al país, muchos terminaron siendo conocidos bajo una misma denominación: “turcos”.

¿Por qué se les llamó así si no provenían de Turquía? La respuesta está en el mapa político de la época, en los documentos con los que viajaban y en una confusión que terminó instalándose en la sociedad chilena durante décadas.

En el caso de los palestinos, buena parte de quienes llegaron a Chile provenían de Belén, Beit Jala y Beit Sahour, localidades cercanas a Jerusalén que hasta hoy mantienen fuertes vínculos históricos y familiares con la diáspora palestina en Chile. También hubo inmigrantes procedentes de Jerusalén, Ramallah y otras localidades palestinas.

Entre 1895 y 1940 se estima que llegaron al país entre 8.000 y 10.000 inmigrantes árabes. Aproximadamente el 51% provenía de Palestina, el 30% de Siria y el 19% de Líbano.

Eran palestinos, sirios y libaneses bajo dominio otomano

Cuando comenzaron estas migraciones, Palestina, Siria y Líbano formaban parte del Imperio Otomano, que durante siglos controló amplios territorios de Medio Oriente.

Por esta razón, muchos inmigrantes viajaban con documentación expedida por las autoridades otomanas. Al llegar a Chile, esa condición administrativa contribuyó a que personas provenientes de distintos territorios del imperio fueran identificadas genéricamente como “turcos”.

Pero la documentación indicaba bajo qué Estado o imperio se encontraban sus lugares de origen, no necesariamente su identidad nacional, étnica o cultural. Podían ser palestinos, sirios o libaneses y, al mismo tiempo, haber sido súbditos del Imperio Otomano.

La historiadora Antonia Rebolledo Hernández, quien investigó la inmigración árabe en Chile, explica que esta situación provocó errores iniciales en la identificación de quienes llegaban al país y que los propios inmigrantes buscaron establecer la diferencia entre su procedencia y la nacionalidad que se les atribuía.

La confusión llegó hasta los primeros censos

Los registros oficiales chilenos permiten observar las dificultades que existían entonces para clasificar el origen de estos inmigrantes.

En 1895, el Censo de Chile contabilizó a 76 personas bajo la categoría de “turcos”. Sin embargo, eso no significa que las 76 fueran efectivamente originarias de Turquía.

La investigación de Myriam Olguín Tenorio y Patricia Peña GonzálezLa inmigración árabe en Chile, señala que entre quienes aparecían registrados de esa manera podían encontrarse árabes levantinos con documentación otomana, habitantes de los Balcanes que se encontraban bajo dominio del Imperio Otomano o personas efectivamente turcas.

Las autoras muestran, además, que la inmigración propiamente procedente de Turquía era reducida. La Guía Social de la Colonia Árabe en Chile de 1941 registraba apenas 16 personas naturales de Turquía llegadas durante un período de treinta años.

753 palestinos y apenas 8 turcos

Otra reconstrucción histórica permite dimensionar todavía mejor la diferencia entre el origen real de los inmigrantes y el apelativo que terminó utilizándose para identificarlos.

A partir de registros históricos de inmigración se contabilizaron 1.479 hombres árabes llegados a Chile hasta 1920. De ellos:

753 eran palestinos, 438 sirios, 271 libaneses, 9 transjordanos y solo 8 aparecían identificados como turcos.

La cifra no representa a toda la población árabe residente en Chile —el registro corresponde específicamente a hombres—, pero permite observar con claridad la distancia entre la composición de aquella inmigración y la denominación que se había extendido socialmente.

Mientras los inmigrantes provenían mayoritariamente de Palestina, Siria y Líbano, “turco” se convirtió en Chile en una etiqueta utilizada para personas de orígenes muy diferentes.

Del comercio de puerta en puerta al estereotipo del “turco”

Muchos de los primeros inmigrantes árabes encontraron en el comercio una forma de comenzar una nueva vida en Chile.

Algunos instalaron pequeños establecimientos y otros recorrieron ciudades y pueblos vendiendo productos de puerta en puerta. Comercializaban ropa, jabón, botones, peines, espejos, carretes de hilo, objetos religiosos provenientes de Tierra Santa y artesanías de nácar, entre otros productos.

Con el tiempo, numerosas familias pasaron del comercio ambulante a los establecimientos permanentes y posteriormente se incorporaron a actividades industriales, con una presencia especialmente importante en el sector textil.

Sin embargo, esos primeros años también estuvieron marcados por los prejuicios. Los vendedores árabes fueron objeto de burlas y recibieron denominaciones despectivas como “turcos” y “mercachifles”.

Cuando “turco” dejó de ser solo una confusión

El término no permaneció únicamente como una denominación geográfica equivocada. Con el tiempo también adquirió una carga despectiva y pasó a formar parte de los prejuicios que enfrentaron los inmigrantes árabes y sus descendientes en Chile.

Antonia Rebolledo Hernández estudió este fenómeno bajo el concepto de “turcofobia”, al investigar la discriminación social, económica y racial contra inmigrantes árabes en Chile durante la primera mitad del siglo XX.

Para muchos de ellos, ser llamados “turcos” tenía además una particular contradicción: no solo se les atribuía una identidad que no era la propia, sino que se les identificaba precisamente con el imperio que había dominado sus territorios de origen.

La investigación de Rebolledo señala que los inmigrantes intentaron aclarar esta diferencia, pero el apelativo continuó utilizándose. En determinados sectores, incluso llegó a emplearse deliberadamente para incomodarlos.

El Imperio Otomano desapareció, pero “turco” permaneció

Después de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se desintegró y los territorios que habían formado parte de él quedaron sometidos a nuevas administraciones y fronteras. Palestina, por ejemplo, pasó posteriormente a estar bajo el Mandato Británico.

Las clasificaciones comenzaron progresivamente a distinguir con mayor claridad las distintas procedencias de los inmigrantes árabes.

Pero el cambio político y administrativo no hizo desaparecer el apodo. En Chile, “turco” continuó utilizándose socialmente durante décadas para referirse a palestinos, sirios, libaneses y sus descendientes.

Con el paso de las generaciones, la palabra perdió parte de su carga despectiva en algunos contextos e incluso comenzó a utilizarse como un apodo cotidiano o afectuoso.

Sin embargo, detrás de esa palabra permanece una historia que vale la pena recordar: los árabes que llegaron a Chile no constituían un único pueblo ni eran “turcos”. Eran palestinos, sirios, libaneses y personas de otros orígenes, con identidades, historias y culturas propias.

La denominación surgió en un contexto marcado por el dominio del Imperio Otomano, pero sobrevivió mucho más allá de la desaparición de ese imperio. Su historia permite comprender no solo cómo fueron identificados los primeros inmigrantes árabes en Chile, sino también los prejuicios que debieron enfrentar y el esfuerzo de aquellas comunidades por preservar y reivindicar su propia identidad.

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