Había una vez una Palestina donde las campanas de las iglesias se escuchaban en cada rincón, donde las calles de Jerusalén se llenaban de fieles en Semana Santa y miles peregrinaban hasta el Santo Sepulcro. Una tierra donde la fe no conocía muros. Pero ese paisaje comenzó a desvanecerse. Con el establecimiento de Israel en la tierra de Palestina en 1948, la presencia cristiana comenzó a disminuir de forma sostenida en medio de ocupación, desplazamiento y restricciones que han ido transformando la vida en Tierra Santa. Hoy, en la cuna del cristianismo, —donde nació Jesús—, la fe resiste, pero ya no camina libre.
Por: Valeria Apara Hizmeri
En Jerusalén, donde cada piedra guarda siglos de historia, la Semana Santa no es solo una fecha litúrgica: es memoria viva. Durante generaciones, peregrinos de todo el mundo han recorrido la Vía Dolorosa, han llenado el Santo Sepulcro y han convertido la ciudad en el epicentro espiritual del cristianismo. Pero hoy, ese rito ancestral ocurre en un escenario profundamente transformado.
Este año, esa tradición se vio interrumpida por un hecho sin precedentes recientes.
Por primera vez en siglos, la tradicional misa de Domingo de Ramos no pudo celebrarse en la Iglesia del Santo Sepulcro —uno de los lugares más sagrados del cristianismo— luego de que la policía israelí impidiera el acceso al Patriarca Latino de Jerusalén y a otros líderes religiosos. La decisión generó una ola de críticas internacionales y fue calificada por autoridades eclesiásticas como una grave vulneración a la libertad religiosa.
En este contexto, el equilibrio que por décadas reguló la convivencia en los lugares sagrados —conocido como el status quo— enfrenta tensiones crecientes. Este sistema, construido históricamente para organizar el acceso, la administración y las prácticas religiosas en Jerusalén, ha sido progresivamente alterado. Así lo advierte el informe Status Quo Report (2026) de Balasan Initiative for Human Rights (BIHR).
Pero, ¿qué es realmente el status quo? Más que un acuerdo simbólico, se trata de un sistema histórico que regula la vida religiosa en Jerusalén y en sus principales lugares sagrados. Según BIHR, este marco define quién administra los recintos, quién puede acceder a ellos y bajo qué condiciones se desarrollan las prácticas religiosas. En espacios altamente sensibles como el complejo de Al-Aqsa, este sistema ha sido clave para sostener una convivencia frágil entre distintas confesiones durante décadas.
El informe advierte que este equilibrio no es menor. Sin embargo, documenta que en los últimos años se han introducido cambios progresivos: mayores restricciones de acceso para palestinos, aumento de la presencia de fuerzas israelíes en los recintos y modificaciones en las prácticas permitidas. Estas transformaciones constituyen una alteración de este orden histórico.
Aunque muchas de estas medidas se expresan en lo administrativo o territorial, sus consecuencias se viven en lo cotidiano. Para los cristianos palestinos, la fe ya no se ejerce en las mismas condiciones. Las limitaciones de movimiento, los permisos, los controles y el contexto general han impactado directamente la posibilidad de participar plenamente en celebraciones como la Semana Santa, incluso en los lugares donde se originaron estas tradiciones.
A esto se suma una preocupación mayor: la disminución sostenida de la población cristiana palestina. Desde mediados del siglo XX, esta comunidad —una de las más antiguas del mundo— ha ido reduciéndose progresivamente. Hoy, los cristianos representan una minoría cada vez más reducida en Palestina histórica. Factores como la presión económica, la pérdida de tierras, las restricciones y la inestabilidad han empujado a miles de familias a emigrar, debilitando el tejido histórico de estas comunidades en Jerusalén, Belén y otras ciudades.
A esta realidad se añade una dimensión territorial que agrava el escenario. El informe de BIHR advierte sobre procesos de transferencia y disputa de tierras, incluyendo propiedades históricas de iglesias en zonas estratégicas de Jerusalén. Algunas de estas operaciones, según el documento, han beneficiado a organizaciones vinculadas a asentamientos israelíes, consolidando cambios en la composición demográfica de la ciudad.
Este fenómeno se inscribe en una dinámica más amplia de expansión de asentamientos en territorios palestinos ocupados, considerada ilegal por el derecho internacional, y que impacta directamente en la continuidad de comunidades locales. En el caso de los cristianos palestinos, esto se traduce en una presión creciente sobre su permanencia, tanto física como institucional.
El documento Alerta de Pascua 2026 de Kairos Palestina, red de líderes cristianos palestinos, da cuenta de esta realidad con un tono urgente: “La Pascua llega en medio del sufrimiento, pero seguimos aferrados a la esperanza”.
El texto advierte que las condiciones actuales —marcadas por desplazamiento, pérdida de tierras y restricciones sistemáticas— configuran un escenario que pone en riesgo la continuidad de la presencia cristiana en Palestina. Vincula esta situación con un proceso más amplio de fragmentación territorial y presión estructural sobre la población palestina, que afecta tanto a comunidades musulmanas como cristianas.
Más allá de lo religioso, lo que está en juego es también el carácter histórico y cultural de Palestina. Jerusalén, reconocida durante siglos como un espacio de diversidad religiosa, enfrenta un proceso de transformación que —según los informes— no es aislado, sino acumulativo. Cambios en el acceso a los lugares sagrados, disputas por propiedades y nuevas condiciones sobre las instituciones religiosas forman parte de una dinámica más amplia que impacta la vida de quienes habitan la ciudad.
En este contexto, la Semana Santa adquiere un significado distinto. Ya no es solo conmemoración, sino también permanencia. No solo fe, sino resistencia.
Porque en la tierra donde comenzó esta historia, donde nacieron los relatos que hoy se celebran en todo el mundo, la fe sigue presente. Pero lo hace enfrentando límites, tensiones y un futuro incierto. Y, aun así, permanece.
Fuentes
- Status Quo Report, Balasan Initiative for Human Rights (BIHR), 2026.
- Status Quo Summary, Balasan Initiative for Human Rights (BIHR), 2026.
- Alerta de Pascua 2026, Kairos Palestina.


