Tras documentar las historias de palestinos que viven en Cuba en el primer capítulo de La Raíz del Olivo, el cineasta cubano-boliviano Sergio Eguino presenta Herencia, una nueva entrega en desarrollo que pone la mirada en Chile y en cómo la identidad palestina se transmite de generación en generación. En conversación con Revista Al Damir, reflexiona sobre memoria, resistencia y el desafío de contar una historia que continúa viva a miles de kilómetros de Palestina.
La memoria de un pueblo no siempre sobrevive en documentos, fotografías o archivos. A veces permanece viva en una receta familiar, en una palabra en árabe que los abuelos nunca dejaron de pronunciar, en un bordado, en el nombre de una aldea transmitido de generación en generación o en una historia que se repite una y otra vez alrededor de la mesa.
Esa es la premisa que da vida a La Raíz del Olivo: Herencia, el nuevo capítulo del proyecto documental dirigido por el cineasta boliviano Sergio Eguino Viera, quien, tras retratar la experiencia de la diáspora palestina en Cuba, dirige ahora su mirada hacia Chile, hogar de la comunidad palestina más numerosa fuera del mundo árabe.
A diferencia de la primera entrega, centrada en palestinos que vivían lejos de su tierra natal, esta nueva producción pone el foco en las generaciones que heredaron esa identidad sin haber conocido necesariamente Palestina. ¿Cómo se transmite una patria a través del tiempo? ¿Qué ocurre cuando la memoria deja de ser una experiencia vivida para convertirse en una herencia familiar?
En conversación con Revista Al Damir, Sergio Eguino habla sobre el origen del proyecto, el papel del cine como herramienta para preservar la memoria palestina, las historias que ha encontrado durante la investigación y el desafío de construir un documental que no solo registre el pasado, sino que también dialogue con las nuevas generaciones.

1. Para quienes aún no conocen La Raíz del Olivo, ¿cómo nace este proyecto documental y cómo está concebido? Cuéntanos de qué trata la iniciativa y por qué decidiste desarrollarla en capítulos.
«La Raíz del Olivo nace a partir de una urgencia profundamente humana. Tras el recrudecimiento del genocidio contra el pueblo palestino en octubre de 2023, sentimos la necesidad de hacer algo desde el lugar que conocemos: el cine.
En ese momento, Graciela Ramírez, directora de Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo, convocó a nuestro equipo con una convicción compartida: había que hacer algo por Palestina. No existían las condiciones económicas ideales, pero entendimos que, frente a una tragedia de esta magnitud, el cine no podía esperar.
Uno de los principales impulsos fue la historia de Bassel Salem, compañero de Resumen Latinoamericano, originario de Gaza y residente en Cuba desde hace más de 36 años. Tras los bombardeos recrudecidos desde octubre de 2023, perdió a su padre, Ismael, y a cerca de 300 integrantes de su familia. Cuando conversamos con él, nos pidió que no hiciéramos un homenaje solo a su padre o a sus familiares, sino a todos los mártires palestinos. A pesar del profundo dolor, su mensaje estaba marcado por la dignidad, la resistencia y la convicción de que Palestina vencerá. Esa fortaleza definió el tono que debía tener el documental: no queríamos construir una película únicamente alrededor del dolor, sino también de la fuerza y la capacidad de resistencia del pueblo palestino.
Así comenzamos a acercarnos a otras personas palestinas que vivían o estudiaban en Cuba. El primer documental reunió las historias de Watan, Omaima, Murid, Baylasan y Bassel, cinco vidas marcadas por la ocupación, el despojo, el exilio y la pérdida, pero también por una esperanza inquebrantable en una Palestina libre.
Desde el principio quisimos evitar que fueran presentados como simples cifras o víctimas anónimas. Detrás de cada número hay personas, familias, sueños y proyectos de vida. Ponerles rostro y voz fue nuestra manera de humanizar una tragedia que muchas veces termina reducida a estadísticas.
Formalmente, el documental combina entrevistas con cartas, diarios, poemas y escenas de la vida cotidiana. Sembrar una planta, preparar un té o caminar por La Habana podían convertirse en imágenes capaces de hablar de Palestina sin mostrar únicamente el horror de la guerra. Lo más valioso fue que los propios protagonistas comenzaron a hablar de ‘nuestro documental’, sintiéndolo como una obra colectiva.
Aunque el primer capítulo nació como una película independiente, durante su circulación comprendimos que esas historias abrían una pregunta mucho más amplia: ¿qué ocurre con la identidad palestina cuando atraviesa fronteras y generaciones? Así surgió la idea de desarrollar La Raíz del Olivo en capítulos.
Cada película tendrá su propia identidad, determinada por las personas y el territorio que retrata, pero todas compartirán una misma raíz: la memoria, la resistencia, el arraigo y el derecho inalienable del pueblo palestino al retorno y a su liberación”.
2. Tras retratar la experiencia de la comunidad palestina en Cuba en el primer capítulo, ¿qué te llevó a centrar esta nueva entrega en Chile? ¿Qué hilos narrativos, históricos o humanos conectan Capítulo Cuba con Capítulo Chile: Herencia?
«Chile era un territorio imprescindible para continuar este camino. Aquí vive la comunidad palestina más numerosa fuera del mundo árabe y existe una historia muy rica de migración, organización y transmisión cultural desarrollada durante varias generaciones.
La decisión surgió durante la circulación del primer documental. Gracias al apoyo de Fundación Varsot pudimos proyectarlo en distintos lugares de Chile y encontrarnos con organizaciones, familias y descendientes de palestinos. Esos encuentros nos permitieron comprender que no estábamos solamente frente a una comunidad que conserva el recuerdo de Palestina, sino ante un puente vivo entre Palestina y Nuestra América.
El capítulo realizado en Cuba está marcado por la experiencia de personas nacidas en Palestina que mantienen un vínculo directo con sus familias y viven la imposibilidad o dificultad del regreso. Cuba aparece también como una segunda patria y como un ejemplo concreto de solidaridad internacionalista.
En Chile encontramos otra realidad. Muchas de las personas con las que estamos conversando nacieron aquí y pertenecen a segundas, terceras o posteriores generaciones. Sin embargo, Palestina continúa presente en sus hogares, sus apellidos, sus comidas, sus bordados, sus relatos familiares, sus organizaciones y su compromiso con la libertad de Palestina.
Si el capítulo realizado en Cuba parte de una memoria vivida, Herencia busca comprender qué sucede cuando esa memoria comienza a transmitirse de generación en generación. Nos interesa explorar cómo ese vínculo se mantiene, se transforma y se reconstruye con el paso del tiempo.
Ambos capítulos están unidos por una misma pregunta: ¿qué es aquello que ninguna ocupación puede arrancar? También comparten una reflexión sobre la historia de Palestina y América Latina, territorios atravesados por procesos de colonialismo, intervención y resistencia. La diáspora, lejos de significar la desaparición de una identidad, muchas veces obliga a encontrar nuevas formas de preservarla y defenderla”.
3. El subtítulo de este nuevo capítulo es Herencia. ¿Qué significa ese concepto dentro del documental y qué buscabas explorar sobre las nuevas generaciones de palestinos en Chile que no abordaste en el capítulo realizado en Cuba?
«Herencia no se refiere únicamente a aquello que recibimos del pasado. Nos interesa entenderla como algo vivo: lo que una generación recibe, interpreta, transforma y decide transmitir a la siguiente.
La herencia palestina puede encontrarse en una fotografía, un documento, una receta, un bordado, una palabra en árabe o el nombre de una aldea. Pero también se hereda una conciencia histórica, una relación con la injusticia y una responsabilidad frente a lo que continúa sucediendo en Palestina.
No queríamos reducir esa herencia a una dimensión exclusivamente cultural o folclórica. La comida, la música, la lengua y las costumbres son fundamentales, pero están profundamente ligadas a una historia de despojo, ocupación y resistencia. Preservar una receta, recordar el nombre de una aldea o reconstruir una genealogía también puede convertirse en una forma de enfrentar los intentos de borrar la existencia histórica del pueblo palestino.
En el capítulo realizado en Cuba, los protagonistas hablaban desde una experiencia directa: habían nacido en Palestina y vivían la separación de su tierra. En Chile aparece otra pregunta: ¿cómo puede una persona heredar una patria que nunca ha conocido físicamente y, aun así, sentir que forma parte de ella?
Durante este proceso me ha acompañado una frase de Ghassan Kanafani: ‘La patria puede ser la distancia entre dos hombros’. Esa idea resume muy bien lo que buscamos explorar. La patria no existe únicamente como un territorio; también puede habitar en las personas, en la memoria compartida y en los vínculos de solidaridad.
Queremos comprender qué permanece, qué cambia y cómo las nuevas generaciones construyen su propia manera de ser palestinas sin dejar de ser chilenas y latinoamericanas. No buscamos una identidad inmóvil ni nostálgica, sino una identidad viva, capaz de convertir la memoria en una forma cotidiana de resistencia.
En definitiva, Herencia habla de aquello que recibimos, pero también de aquello que elegimos no abandonar”.
4. Durante la investigación has conversado con descendientes de palestinos y también con personas que vivieron el exilio o la Nakba. Sin adelantar demasiado el documental, ¿hubo algún testimonio o una historia que te haya conmovido especialmente y que haya cambiado tu forma de comprender la identidad palestina?
«Todavía estamos en una etapa de desarrollo e investigación, conversando con un gran número de palestinos-chilenos, por lo que prefiero no adelantar historias que aún están encontrando su lugar dentro del documental. Además, creo que sería injusto decir que una sola experiencia resume el sentido de la película. Como ocurrió con el primer capítulo, será el diálogo entre todas esas voces el que termine construyendo el verdadero corazón del relato.
Sin embargo, algo que me ha conmovido profundamente es descubrir cómo muchos descendientes construyen su relación con la identidad palestina. En algunos casos, todo comienza con un apellido, una comida familiar, una fotografía, una palabra en árabe, un bordado o una historia escuchada durante la infancia. Pero esa curiosidad inicial termina convirtiéndose en una búsqueda mucho más profunda.
Muchos han investigado sus genealogías, reconstruido la historia migratoria de sus familias, recuperado el nombre de las aldeas de origen y comprendido las circunstancias que provocaron el desplazamiento de sus antepasados. Lo que al principio parecía una conexión únicamente cultural termina transformándose en una conciencia mucho más amplia sobre la historia de Palestina, la Nakba, el exilio, la ocupación y el derecho al retorno.
Ese proceso me hizo comprender que la identidad palestina no depende únicamente de haber nacido en Palestina ni de haber recibido una memoria familiar completa. Muchas veces esa memoria llega fragmentada y son las nuevas generaciones quienes deciden reconstruirla. En ese camino no solo descubren de dónde vienen; también deciden quiénes son y desde qué lugar quieren relacionarse con Palestina.
Durante la investigación hemos conocido familias que conservan con precisión el nombre de la ciudad o la aldea de donde provinieron sus antepasados, e incluso el lugar del que fueron expulsados durante la Nakba. Otras llegaron a Chile décadas antes de 1948 por motivos económicos, políticos o familiares. Esa diversidad demuestra que no existe una única experiencia de la diáspora palestina.
También me ha impactado la relación entre las generaciones. Objetos, fotografías o recuerdos que para quienes vivieron el despojo representan dolor, para sus hijos o nietos pueden convertirse en el punto de partida para investigar, reafirmar su identidad y fortalecer su compromiso con Palestina.
Esta experiencia también transformó mi manera de entender la herencia. No siempre se recibe una historia completa; muchas veces solo llegan fragmentos, silencios o preguntas. La identidad comienza a adquirir profundidad cuando las nuevas generaciones deciden reconstruir esos vacíos y convertir la memoria en una forma consciente de resistencia.
Más que una historia en particular, lo que ha cambiado mi mirada es comprender que la memoria palestina nunca se transmite de manera pasiva.
Cada generación la vuelve a interpretar y encuentra su propia manera de mantenerla viva. La herencia no es solamente aquello que se recibe: también es aquello que se busca, se reconstruye y se decide defender”.
5. Están impulsando una campaña de crowdfunding a través de la plataforma Goteo. ¿En qué consiste esta iniciativa, por qué decidieron optar por este modelo de financiamiento y qué significa para ustedes que la comunidad pueda convertirse en parte activa del proyecto desde su desarrollo?
«La campaña en Goteo busca reunir los recursos necesarios para desarrollar todas las etapas del proyecto: investigación, desarrollo, rodaje en Chile, postproducción y circulación del documental. Está organizada en dos rondas: una primera meta que permitirá poner en marcha el proyecto y una segunda que nos permitirá realizar la película en mejores condiciones técnicas, humanas y de distribución.
Elegimos el crowdfunding porque somos una producción independiente y queremos preservar nuestra autonomía política y creativa. No es fácil financiar una obra que se posiciona abiertamente contra la ocupación y el genocidio, especialmente dentro de una industria audiovisual condicionada por intereses institucionales y comerciales.
La primera película se realizó prácticamente desde la militancia. Laboratorio Audiovisual Chaski aportó el equipo técnico y artístico; Resumen Latinoamericano sostuvo parte de la producción y la logística; Al Mayadeen colaboró con imágenes de archivo, y los propios protagonistas ayudaron incluso con alimentación, transporte y traducciones. Esa experiencia demostró un enorme compromiso colectivo, pero también nos hizo entender que este tipo de cine no puede seguir realizándose únicamente a costa del esfuerzo personal de quienes lo hacen posible.
Goteo nos permite presentar de forma transparente las necesidades del proyecto y convertir el financiamiento en un proceso colectivo. Más que conseguir recursos, queremos invitar a la comunidad a construir este documental junto a nosotros. Cada persona que aporta deja de ser una espectadora y pasa a convertirse en parte de una memoria colectiva.
Ese espíritu responde al mayor aprendizaje que nos dejó el primer documental: la película adquiere su verdadero sentido cuando quienes aparecen en ella y quienes la acompañan comienzan a sentirla como propia. Queremos que eso también ocurra con Herencia.
No se trata únicamente de financiar una película. Se trata de defender el derecho del pueblo palestino a contar su propia historia y disputar el lugar desde donde se producen y circulan las imágenes sobre Palestina”.
6. La campaña en Goteo ofrece distintas recompensas para quienes apoyen el documental. Más allá del financiamiento, ¿qué tipo de comunidad esperan construir en torno a La Raíz del Olivo y qué rol esperan que tengan quienes decidan aportar?
«Esperamos construir una comunidad que acompañe el documental durante todo su recorrido y que no desaparezca cuando termine la campaña de financiamiento.
Las recompensas —como aparecer en los créditos, recibir materiales digitales, acceder a una proyección virtual o figurar como productor asociado o productor ejecutivo en los aportes mayores— son una forma de agradecer ese apoyo. Pero el vínculo que buscamos va mucho más allá de una recompensa.
No estamos invitando a las personas a hacer una inversión económica con la expectativa de obtener un beneficio. Las estamos invitando a hacer posible una película y a sentirse parte de ella. Cada aporte, por pequeño que sea, contribuye a transformar recursos materiales en memoria preservada, historias registradas y nuevos espacios de diálogo.
También esperamos que quienes apoyen el proyecto se conviertan en multiplicadores. Nos gustaría que personas, colectivos, centros culturales, medios de comunicación y organizaciones ayuden a llevar el documental a nuevos territorios, promoviendo exhibiciones y cine-debates que acerquen la historia palestina a públicos que muchas veces nunca han tenido contacto con ella.
La experiencia del primer capítulo nos confirmó que la película adquiere otra dimensión cuando se proyecta colectivamente. Por eso hemos privilegiado las exhibiciones acompañadas de conversaciones y espacios de reflexión. Muchas veces el documental comienza realmente cuando terminan los créditos y el público empieza a dialogar.
Tenemos un protocolo que permite liberar la película para espacios educativos, de militancia y concientización. Esa experiencia nos demostró que una obra puede circular de otra manera, apoyada por redes solidarias y personas comprometidas con generar conversación alrededor de Palestina.
Nos gustaría que alrededor de La Raíz del Olivo se forme una red internacional de memoria y solidaridad. Una comunidad que no solo contribuya a producir la película, sino también a cuidarla, compartirla y convertirla en una herramienta para la educación y la acción colectiva.
Nuestro mayor anhelo sería que quienes apoyen Herencia no digan simplemente: ‘Yo aporté a esa película’, sino que puedan sentir, como ocurrió con los protagonistas del primer capítulo: ‘Este también es nuestro documental’”.
7. El primer capítulo logró proyectarse en más de 30 países y participar en festivales internacionales. ¿Qué expectativas tienen para Capítulo Chile: Herencia y qué impacto esperan que tenga, tanto dentro de la comunidad palestina como entre quienes conocen poco o nada sobre la historia y la diáspora palestina?
«La circulación del primer capítulo superó ampliamente nuestras expectativas ya que no contábamos con presupuesto para la distribución. Gracias a la solidaridad con la causa palestina de muchas personas y organizaciones, llegó a más de treinta países, participó en festivales internacionales y, sobre todo, permitió encontrarnos con comunidades que organizaron proyecciones y espacios de debate. Eso nos confirmó que existía una necesidad real de escuchar estas historias.
La película recorrió universidades, sindicatos, centros culturales y espacios de militancia en América Latina, Europa y Asia Occidental. Recibió importantes reconocimientos, pero uno de los momentos más significativos ocurrió después de una proyección en la UNAM, cuando varios estudiantes preguntaron qué podían hacer concretamente para apoyar a Palestina. Esa pregunta demuestra que el cine puede ir más allá de sensibilizar: también puede convertirse en un impulso para la acción.
Con Herencia esperamos ampliar ese recorrido. Sin embargo, para nosotros el éxito no se mide únicamente por la cantidad de festivales o premios, sino por la capacidad de que la propia comunidad palestina reconozca la película como una obra cercana, respetuosa y útil para preservar su memoria.
Queremos que las familias se vean reflejadas en ella, que las nuevas generaciones encuentren preguntas sobre su propia identidad y que el documental contribuya a conservar testimonios que, con el paso del tiempo, podrían perderse. Aspiramos a construir un archivo vivo, capaz de activar la memoria en el presente, fortalecer el diálogo entre generaciones y estrechar los vínculos entre la comunidad palestina en Chile, Palestina y el resto de Nuestra América.
Al mismo tiempo, queremos llegar a personas que conocen poco o nada sobre Palestina. Nos interesa que comprendan que esta historia no comenzó en octubre de 2023, sino que está profundamente ligada a décadas de ocupación, colonización, desplazamiento y resistencia. También queremos mostrar que la diáspora palestina no es una realidad ajena a América Latina, sino parte de nuestra propia historia social, cultural y política.
Creemos que un documental como este también debe estar atravesado por la belleza. Si el discurso no nace de la experiencia humana y emocional, corre el riesgo de convertirse en una consigna vacía. Por eso buscamos una película firme en su posicionamiento, pero también íntima, sensible y profundamente cinematográfica. No queremos decirle al público qué debe sentir, sino acercarlo honestamente a personas e historias capaces de despertar conciencia.
No buscamos provocar lástima por Palestina. Queremos generar empatía, pero también conciencia, indignación y movilización. Estar con Palestina significa posicionarse del lado de la humanidad y del derecho de los pueblos a existir, regresar a su tierra y construir libremente su futuro.
Nuestra mayor expectativa es que quien vea la película deje de ser un espectador pasivo y comprenda que apoyar a Palestina también puede expresarse a través del boicot, la movilización, la comunicación, la educación, la exigencia a nuestros gobiernos y el simple, pero imprescindible, acto de no dejar de hablar de Palestina.
Si Herencia consigue preservar una parte de esa memoria y convertirla en una herramienta de solidaridad activa, habrá cumplido su propósito. La primera película me dejó la certeza de que la raíz del pueblo palestino es tan profunda que será imposible arrancarla de la tierra que le pertenece.
Este nuevo capítulo quiere mostrar cómo ese olivo atravesó un océano, echó nuevas raíces en Chile y continúa alimentando la esperanza y la lucha por una Palestina libre”.
Más que documentar la historia de la diáspora palestina en Chile, La Raíz del Olivo: Herencia busca preservar una memoria que continúa viva. A través de las historias de distintas generaciones, el documental propone demostrar que la identidad palestina no depende únicamente del lugar donde se nace, sino también de la decisión de conservar un legado, transmitirlo y convertirlo en parte del presente.
Con esta nueva entrega en desarrollo, Sergio Eguino y su equipo aspiran a construir un archivo audiovisual que reúna testimonios, recuerdos y experiencias de la comunidad palestina en Chile, pero también una herramienta capaz de generar diálogo, fortalecer la identidad y acercar la historia palestina a nuevas audiencias. Porque, como plantea el propio proyecto, la memoria no pertenece únicamente al pasado: también es una forma de construir el futuro.
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Ayuda a preservar la memoria de la diáspora palestina en Chile
La Raíz del Olivo: Herencia es un proyecto independiente que busca rescatar y preservar las historias, recuerdos e identidades de la comunidad palestina en Chile a través del cine documental. Para hacer realidad esta nueva producción, el equipo impulsa una campaña de financiamiento colectivo en la plataforma Goteo, invitando a personas, organizaciones y comunidades a convertirse en parte activa de esta iniciativa.
Más que un aporte económico, cada contribución representa un compromiso con la memoria, la cultura y la difusión de las historias de la diáspora palestina. Quienes colaboren ayudarán a financiar la investigación, el rodaje, la postproducción y la circulación internacional del documental, además de formar parte de una comunidad que apuesta por preservar este patrimonio para las futuras generaciones.
¿Cómo puedes colaborar?
Cofinancia el documental en Goteo:
Conoce el proyecto viendo el tráiler oficial del primer capítulo:
Teléfono: +591 673 42245
Correo electrónico: chaskiaudiovisual@gmail.com
Instagram: @la_chaski
Cada aporte, por pequeño que sea, ayuda a que estas historias sigan siendo contadas. Porque preservar la memoria también es una forma de resistencia.

