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“Sumud no es solamente resistir. Es perder, levantarse y volver a construir”

Desde Chile, Victoria Jadue transformó el arte en ayuda humanitaria concreta para Gaza. Con piezas artesanales inspiradas en la identidad y la memoria palestina, y con el 100% de lo recaudado destinado a proyectos en terreno, Sumud Qum nació de la necesidad de no quedarse observando y hoy es un puente entre quienes quieren ayudar desde Chile y quienes resisten en Gaza: ya financió un pozo de agua potable que beneficia a cerca de 20 mil personas, rehabilitó un segundo pozo y sostiene entregas de alimentos, carpas y clínicas móviles.

En esta entrevista repasa el origen del proyecto, sus hitos y explica cómo trabaja, persona a persona, con una red dentro del territorio.

En árabe, la palabra Sumud evoca firmeza y resiliencia. ¿Cómo nace la decisión de canalizar el dolor por la crisis en Palestina a través del arte y transformarlo en una acción humanitaria concreta?

“En árabe, Sumud significa firmeza, perseverancia, resiliencia; y Qum, levantarse. Eso resume muy bien cómo nació este proyecto.

Se unieron dos factores. Por una parte, presenciar día tras día el sufrimiento y la situación extrema que estaba viviendo la población de Gaza. Llegó un momento en que sentimos que no podíamos quedarnos solamente observando, sintiendo dolor, impotencia o tristeza sin hacer algo concreto.

Por otro lado, tuvimos la oportunidad de colaborar en la iniciativa Fragmentos de Resistencia, que logró traer desde Gaza un fragmento de una casa bombardeada para incorporarlo al banderín de Palestino en la Copa Sudamericana. Detrás de ese pequeño fragmento hubo un esfuerzo enorme para sacarlo de Gaza y hacerlo llegar hasta Chile. Para nosotros, ese objeto dejó de ser un pedazo de una casa: representaba una historia, una familia, una pérdida, pero también la capacidad de resistir.

Después de esa experiencia sentimos que teníamos que hacer algo más. Queríamos retribuir todo ese esfuerzo transformándolo en acciones concretas de ayuda para las personas que siguen en Gaza. Así nació Sumud Qum: de la decisión de no hundirnos en la tristeza ni quedarnos paralizados frente a la impotencia, sino transformar ese dolor en acción”.

Para quienes recién están conociendo la iniciativa, ¿en qué consiste exactamente Sumud Qum y cuál es su alcance real hoy?

“Sumud Qum es una iniciativa solidaria que busca transformar el arte en una herramienta de ayuda concreta para Gaza. Nace de la idea de que una obra, un objeto o una creación artística puede tener un valor mucho mayor cuando detrás de ella existe una historia y un propósito.

Desarrollamos piezas inspiradas en la identidad, la cultura y la memoria palestina, muchas de ellas realizadas de manera artesanal. Estas piezas se exhiben, se ofrecen en distintas actividades, se convierten en productos solidarios, y los recursos que logramos reunir se destinan a proyectos y necesidades concretas dentro de Gaza.

Pero también queremos ir un paso más allá: que el arte no sea solamente una forma de recaudar fondos, sino una herramienta de expresión y bienestar. Por eso estamos comenzando a desarrollar proyectos vinculados especialmente a los niños de Gaza, donde sus propios dibujos y creaciones puedan convertirse en productos, como camisetas u otros objetos, generando recursos que vuelvan directamente a ellos y a espacios donde puedan expresarse, crear y sentirse acompañados.

Hoy Sumud Qum sigue siendo una iniciativa en crecimiento, pero ya ha logrado conectar a personas en Chile con acciones concretas en Gaza. Más que medir nuestro alcance en cifras, para nosotros lo importante es haber creado un puente: personas que quieren ayudar aquí, proyectos que necesitan apoyo allá y el arte como una forma de unir ambos mundos”.

Uno de los hitos del proyecto ha sido la financiación de un pozo de agua potable que beneficia a unas 20.000 personas en Gaza. ¿Cómo se logró?

“Ese fue uno de los hitos más importantes para nosotros. Hasta donde sabemos, fuimos la primera iniciativa individual nacida en Chile en impulsar un proyecto de ayuda masiva directamente dentro de Gaza.

Nos dimos cuenta de que muchas ayudas estaban enfocadas, comprensiblemente, en familias específicas. Pero recaudar fondos desde tan lejos implica muchísimo esfuerzo y, además, una parte importante se pierde en comisiones, transferencias e intermediarios. A veces, después de todo ese trabajo, el impacto termina concentrándose en cinco o diez personas. Nosotros queríamos llegar a muchas más y que el efecto fuera, dentro de lo posible, permanente.

Por eso nos pusimos en contacto con RebuildGaza, una iniciativa impulsada por un grupo de personas en Londres, y con el Dr. Mohamed Saka, médico británico-palestino que se encontraba en Gaza prestando servicios médicos y que permaneció allí alrededor de un año y medio. A través de ese trabajo conjunto conseguimos la maquinaria, las perforadoras y las tuberías necesarias para comenzar el sondaje.

Y ocurrió algo extraordinario: al perforar encontramos una napa de agua dulce. Eso significó que no fue necesario instalar una planta desaladora, lo que habría hecho el proyecto mucho más complejo y costoso. Finalmente, el pozo permitió generar una fuente de agua potable con capacidad para beneficiar aproximadamente a 20.000 personas.

Ese proyecto confirmó lo que queríamos demostrar desde el principio: que incluso desde Chile, y empezando con recursos limitados, es posible organizarse, buscar las alianzas correctas y generar un impacto concreto y masivo en Gaza”.

En el contexto actual de bombardeos y bloqueo, ¿cómo coordinan la logística y la ejecución de estas obras con las organizaciones en el territorio?

“La coordinación es muy directa, prácticamente de persona a persona. Más que trabajar a través de grandes estructuras, lo que hemos construido junto a RebuildGaza es una red humana dentro de Gaza, formada por personas que conocen su territorio, sus necesidades y su propia comunidad.

Por ejemplo, quien realiza y edita muchos de nuestros videos es un artista de Gaza. Él mismo está a cargo de los talleres de arte con niños, y de esos talleres surgen algunos de los dibujos que luego queremos transformar en diseños para camisetas y otros productos solidarios. La coordinación de carpas y la identificación de los lugares donde más se necesitan está a cargo de otro joven profesional. El primer pozo fue supervisado directamente por un profesor de enseñanza básica, y las clínicas móviles que atienden a personas heridas las gestionamos junto a jóvenes enfermeros.

Eso define bastante bien a Sumud Qum: es un esfuerzo de personas que se conectan con otras personas para resolver necesidades concretas. Cada uno aporta desde lo que sabe hacer y desde el lugar en el que se encuentra.

Evidentemente, trabajar así dentro de Gaza implica una enorme dificultad. Las comunicaciones se interrumpen, los desplazamientos cambian constantemente y muchas veces las personas con las que trabajamos están cerca de zonas que están siendo bombardeadas. Hay momentos en que dejamos de tener noticias de alguien y la preocupación es enorme.

Por eso, detrás de cada proyecto no vemos solamente una obra terminada o una cifra de beneficiarios. Vemos a las personas que lo hicieron posible en condiciones extremadamente difíciles. Sin ellas, nada de lo que hacemos sería posible”.

Sumud Qum pone un énfasis especial en llegar a familias sin acceso a redes sociales ni conectividad para pedir auxilio. ¿Cómo identifican esos sectores más aislados?

“Nos enfocamos especialmente en personas que no tienen acceso a redes sociales, plataformas de recaudación ni una forma directa de pedir ayuda. Para eso son fundamentales nuestros ojos en terreno: quienes trabajan con nosotros dentro de Gaza y conocen de primera mano dónde están las mayores necesidades.

Antes de cada proyecto se analiza la zona, la distancia a centros de ayuda humanitaria, la cantidad estimada de personas que podrían beneficiarse y qué tan cubierta o aislada está esa comunidad. Ese mismo criterio lo aplicamos para la entrega de alimentos, carpas y otras ayudas: priorizar donde existe menos acceso y donde podemos generar el mayor impacto posible”.

El 100% de las ventas de las piezas artesanales se destina a ayuda humanitaria. ¿Cómo sostienen ese modelo y cómo garantizan la transparencia del flujo de recursos?

“Si lo ves desde un punto de vista empresarial no es sostenible, pero este modelo se sostiene porque nuestro aporte va a costear los insumos y ponemos la mano de obra. De esa manera, el 100% de lo recaudado por las piezas puede destinarse directamente a los proyectos de ayuda. Es decir, lo que yo podría haber aportado directamente lo multipliqué.

Y hay algo muy importante que queremos lograr con esta iniciativa: mantener viva la conciencia. Que una tragedia deje de aparecer en las noticias no significa que haya terminado. A través de Sumud Qum buscamos generar compromiso y recordar constantemente a quienes muchas veces terminan siendo invisibilizados.

En cuanto a la transparencia, documentamos los proyectos, las entregas y el trabajo realizado en terreno, para que quienes nos apoyan puedan ver de manera concreta en qué se transforma su aporte”.

Frente a una emergencia prolongada, ¿cuáles son los próximos proyectos prioritarios y qué rol esperas que siga jugando la diáspora palestina en Chile?

“Acabamos de rehabilitar un segundo pozo en Gaza y los próximos proyectos los vamos definiendo según las necesidades que nos reportan directamente desde el terreno. En una emergencia que cambia constantemente, lo más importante es escuchar a quienes están ahí y dirigir los esfuerzos hacia donde realmente se necesitan.

Pero si hay algo que queremos destacar después de todo este tiempo trabajando con personas en Gaza, es que nosotros también hemos recibido muchísimo de ellos. Hemos aprendido lo que realmente significa Sumud.

Hemos visto personas perder su casa, desplazarse, comenzar nuevamente con casi nada y, muchas veces, volver a perderlo todo. Y aun así siguen: trabajando, ayudando al vecino, cuidando y educando a sus niños, creando, enseñando, buscando soluciones y encontrando razones para levantarse al día siguiente. Esa capacidad de continuar una y otra vez nos ha marcado profundamente.

Por eso nuestro llamado a la diáspora palestina en Chile, y también a todas las personas que se conmovieron con Gaza, es a no olvidarlos. A mantenerse informados y a seguir aportando como puedan: con recursos, con trabajo, con conocimientos, con contactos o simplemente manteniendo viva su historia.

Al final, quizás esa sea la mayor enseñanza que nos ha dejado Gaza: Sumud no es solamente resistir. Es perder, levantarse y volver a construir. Y hacerlo una y otra vez sin renunciar a la esperanza de poder vivir en paz”

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